martes, 8 de agosto de 2017

La autodestrucción de una sociedad

Abdalahi Salama Machnan

Renegando de uno de sus Principios Fundacionales - combatir sin cuartel al tribalismo y a todas sus manifestaciones-, las políticas actuales del Polisario promueven un tribalismo medieval que favorece y protege a los auténticos delincuentes, a los caciques, a los gangsters, a los ladrones de guante blanco. Y con ello se ensancha la brecha social entre los pobres y los nuevos narco-ricos. Por eso ahora han lanzado a la palestra mediática, los datos e imágenes de delincuentes de poca monta; los conejillos de indias. La carne fácil y débil para el linchamiento social.


Dios me libre de defender a estos delincuentes, pero me urge más saber porque no se publica nada acerca de los que realmente manejan los hilos, los que compran voluntades, los que corrompen al sistema y a las instituciones. Ahhh son los intocables.
Examinemos este insensato canto de sirenas que demuele igualdad y justicia social: ¿todos somos iguales ante la ley? -sencillamente No.

Nuestra sociedad, como exiliada de la cordura, sobrevive en un entorno hostil que algunos sienten temporalmente y otros aturdidos de forma permanente. Un estado de guerra sin balas donde lo excepcional se ha hecho norma; donde la adrenalina sustituye a la endorfina; y donde la contaminación no es solo ambiental, también es social, económica, familiar e institucional.

Destellos correosos entre el gris de la rutina del día a día en los campamentos. Es una rueda imparable donde lo urgente es el dinero fácil y exprés, el que ocupa el lugar de lo importante y donde la fama de los gangsters de la droga ha ido ganando terreno hasta convertir lo que antaño fueron los campamentos, un tálamo acogedor, seguro y hospitalario, en un lecho espinoso, peligroso e inseguro.


¿Al final culparán a los pobres de su pobreza?

martes, 25 de julio de 2017

El presidente Brahim Gali intenta resucitar los 16 “Principios” Fundacionales del Frente Polisario


Hace unos días, durante una gira por los distintos campamentos para “conocer de cerca” los problemas de los saharauis, el presidente Brahim Gali ha instado a todos en varias ocasiones a retomar los 16 "Principios” Fundacionales del Frente Polisario. ¿De que se trata? estos son los susodichos: 1-violencia revolucionaria, 2- disciplina, 3- sacrificio, 4-clandestinidad, 5-confianza en uno mismo, 6-ciencia revolucionaria, 7- el factor tiempo, 8- ahorrar tiempo, 9- aprovechar las oportunidades, 10- critica y autocritica, 11- sinceridad revolucionaria, 12- responsabilidad, 13- igualdad democrática, 14- análisis objetivo de la realidad, 15- fidelidad, 16- ejemplaridad.

Durante aquellos años, hablo de los años 70 y 80 del siglo XX, los "Principios" junto con el Programa de Acción Nacional, que se formulaba en cada Congreso General, eran un instrumento poderoso, que mantenían la unidad de un pueblo ideológicamente ocupado y moralmente comprometido con la causa. Aunque no los entendiésemos, lo importante era memorizarlos, decía una de las orientadoras políticas de mi barrio, (en los campamentos la mayoría de las mujeres eran analfabetas….), pero eso sí, un buen revolucionario los tiene que llevar a la práctica. No saberlos de memoria, ya entonces, te convertía en “sospechoso”. 

A partir del alto el fuego, en 1991, y con la apertura y la introducción de una serie de reformas políticas y estructurales en la vida en los campamentos, la ideología que al fin y al cabo siempre había sido una pesada losa, un espejismo, fue lo primero que empezó a desvanecerse y los 16 "Principios “ se esfumaron, dejando un leve recuerdo, por su excentricidad, en la memoria colectiva.

Ahora, que han vuelto a desempolvarse, con una cierta perspectiva, estos “Principios” además de un disparate, bien podrían servir para hacer un balance de urgencia: la violencia revolucionaria ha sido sustituida por la violencia tribal, la disciplina por la anarquía y la patrimonialización de las instituciones, la confianza por la  resignación, la ciencia revolucionaria y la interpretación objetiva de la realidad por el oscurantismo religioso y la ignorancia. Otros si puede decirse que se han seguido aplicando al pie de la letra: “aprovechar las oportunidades”, menudo si se han aprovechado por parte de los dirigentes y sus parientes cercanos… ejemplaridad inversa. Principios como la crítica y la autocrítica, de recia raigambre filocomunista, pero absolutamente ajenos a la cultura bidán, (que abusa del elogio), cuando se ha intentado ejercer solo encuentra por toda respuesta la acusación de colaboracionismo y la calumnia.

Reclamar, casi medio siglo después, la vuelta a los 16 "Principios” Fundacionales del Frente como solución a los problemas actuales de convivencia y organización, y al estancamiento político, es el síntoma mas evidente de los mermados recursos intelectuales y políticos y del anacronismo de unos dirigentes, que hace mucho tiempo deberían haberse apartado, con honor, dando paso a nuevas generaciones; desde la unidad que supone integrar ideas políticas diversas; profesionales que no necesitan medrar en la política; y sobre todo a saharauis que con modestia y sensatez cojan el timón y exploren nuevos territorios, que ponga fin a este infierno.

Lehdía Mohamed Dafa
25 julio 2017





miércoles, 21 de junio de 2017

Antes de que salgan los demonios

“Lailat Algadar”, según la tradición musulmana, es la noche 27 del mes de Ramadán y es una noche mágica, porque es la noche en la que el profeta Muhammad recibió los primeros versículos del Corán a través del arcángel Gabriel. Es la noche más espiritual y la mejor del año para todos los creyentes.

“Lailat Algadar” cuya traducción literal sería la noche del destino, también es la noche del honor, de la grandeza, de la bondad, de la misericordia…. Durante esta noche única Allah complace los deseos, perdona los pecados y recompensa las buenas acciones de los creyentes, los cuales deben entregarse a lo largo de toda la noche a la oración intensa y a la lectura y recitación del Corán. Y es en esta noche, también del decreto, en la que Allah decide todo lo que pasará en la vida de cada uno durante un año, o sea hasta la misma noche 27 del año próximo; como será la salud o enfermedad, la riqueza o pobreza, la dicha o desdicha y hasta si será el año en el que fallezcamos.

Durante esta noche los ángeles descienden del cielo y ejercen un efecto protector sobre los creyentes. Con su fuerza espantan a Shaitán, Satanás, dejándole sin poder alguno, impotente para hacer el mal.



Sin embargo, los saharauis, hasta no hace mucho, celebraban esta noche según una versión propia muy peculiar…. Recuerdo en mi infancia -en los Campamentos casi sólo había mujeres y niños- que unos días antes nuestras madres ya tenían todo preparado para recibir la noche 27 del Ramadán. Las conversaciones empezaban a adquirir un tono apocalíptico antes de que salieran los demonios, ya que según el imaginario popular durante ésta noche el cielo se abre literalmente y desde allí la tierra es invadida por oleadas de espíritus malignos listos para atacar a cualquiera de la forma más abominable, incluso hasta producirle la muerte. Así, nuestras madres procuraban tener a este ejercito de malvados a raya desde bien temprano. Para espantarles, además de recitar sin parar el poco Corán que sabían, un poco antes de la caída del sol, pasaban a la acción; era el momento clave, antes del cual tres cosas muy importantes tenían que estar resueltas: primero, los niños tenían que estar recogidos y bajo la vigilancia de un adulto, preferiblemente sus propias madres; luego nos untaban una raya de alquitrán, por lo general en la frente, decían que era el mejor antídoto para ahuyentar a los espíritus; también quemaban abundante incienso por toda la jaima, el patio y la cocina; y por último, todos los utensilios, tanto del té como los de la cocina, tenían que estar bien limpios y colocados boca abajo para evitar que fueran “lamidos” y que en ellos permanecieran escondidos estos seres malignos.

Los niños lo pasábamos muy mal, realmente pensábamos que podíamos ser atacados en cualquier momento por uno de estos monstruos que descendían del cielo una vez que el sol se ocultaba. Era frecuente en todas las familias que se produjese algún tipo de alucinación o visiones. Las anécdotas, pesadillas y hechos extraordinarios se contaban al día siguiente. Muchas no se me han olvidado...
Un año, la noche 27 nos pilló en mitad del curso, internos y desvalidos, sin la protección de nuestras madres, ni la del alquitrán, en el Colegio “9 de Junio”. Antes de meterse el sol, al atardecer, de pronto, se empezaron a producir escenas de pánico, que se sucedían una tras otra; gritos y carreras alocadas en busca de algún tipo de protección o refugio en las inmediaciones de los dormitorios de las niñas. Una niña, justo al meterse el sol y un poco antes de que se encendieran las luces, grito aterrorizada que estaba siendo abofeteada brutalmente por una oveja enorme que tenía los ojos pintados de negro. No pudimos pegar ojo en toda la noche.

Poco a poco los saharauis se han ido reconciliando con el significado ortodoxo de la noche 27 del Ramadán. Hoy, ya nadie se acuerda del alquitrán…. Los niños siguen con sus juegos, sin horario ni calendario, protegidos por los ángeles, mientras los mayores se recogen desde temprano para rezar o acuden a la mezquita para hacer sus peticiones a Allah, en paz y tranquilidad; sabiendo que los espíritus malignos, con Satanás a la cabeza, al menos esta noche, tienen las puertas de la Tierra cerradas a cal y canto a su maldad.

Lehdía Mohamed Dafa

21 junio 2017

domingo, 7 de mayo de 2017

Las piedras son de Allah. Y los bloques, mejor de cemento

Un año más he viajado a los Campamentos, los nuestros, claro, los de refugiados saharauis. Además de atender a los que lo necesitan, pasando consulta diaria a “pie de jaima”, enfocada este año hacia la salud mental, y las visitas familiares, ha habido tiempo para seguir descubriendo aspectos interesantes y desconocidos para mí de la cultura saharaui y de las transformaciones sociopolíticas que están aconteciendo en nuestra singular sociedad, en un exilio que se nos vuelve eterno.



Creo no equivocarme si digo que se están produciendo cambios transcendentales en la vida cotidiana de los refugiados saharauis y una metamorfosis en la percepción del conflicto político sin precedentes. Como es lógico e inevitable, las intensas relaciones comerciales y familiares con la vecina Mauritania, Argelia y el Sáhara ocupado, van dejando su impronta y ciertas tendencias; al fin y al cabo, son expresiones de una cultura común bidán de raíces ancestrales, que compartimos.

Puede decirse que el nivel de vida en los Campamentos ha venido mejorando desde el alto el fuego gracias, entre otros factores, al desarrollo de un comercio local, que es la actividad económica principal. Pero también en los últimos años han ido surgiendo nuevos emprendimientos en el sector servicios y de la restauración. Éste último atrae fundamentalmente a las mujeres, gracias a los sistemas de microcréditos concedidos por algunas ONGDs extranjeras. Como curiosidad se podría contar que hay un local con el letrero de “Caja de Ahorros Sahara”, aunque como todos sabemos el sistema de préstamos y envíos de dinero es muy informal y está basado en la confianza mutua y la “fraternidad”, ya que el Islam prohíbe la “usura”, y por tal se considera el cobro o pago de intereses.

Caja de Ahorros en Rabuni 

En cuatro de los cinco campamentos los hogares disfrutan, ¡por fin! de luz eléctrica, falta El Aaiún. Como dice mi tía, que vive en Smara, “es una bendición, es como haber salido de una cueva…”; “a mí me da mucho miedo -dice otra-…tanto cable a la vista, con los niños correteando por todas partes, y que todo lo tocan”. Y es cierto que ya ha habido algún accidente mortal.

Otro cambio importante está siendo la mejora de las infraestructuras. Hay carreteras asfaltadas que unen los campamentos entre si  y otras a estos con Rabuni y con Tindouf. Lo cual junto al precio barato del combustible ha favorecido al sector de transporte tanto de viajeros como de mercancías y al auge de autoescuelas, que permiten conseguir permisos de conducir también a las mujeres, a las que se ve conduciendo como nunca antes en la historia de los saharauis.

La mentalidad de autoabastecimiento alimentario, en forma de huertos familiares apoyados por distintas ONGDs ha seguido aumentando, lo que favorece algo tan importante como es el consumo de fruta y verdura ecológicas. También se puede constatar como el consumo per cápita de carnes, (camello, cordero/cabra y pollo) sigue aumentando.

Ensalada con verduras de huerta familiar 

Evidentemente, como suele ocurrir, estos cambios no favorecen a todos por igual. Lo que inevitablemente genera frustración y desesperación entre muchos cabezas de familia. Y eso propicia que hayan surgido otras actividades, que en los últimos años han cobrado importancia en la economía de los Campamentos. Estas son: el tráfico de drogas y la búsqueda de meteoritos y oro. Estas dos actividades son consideradas ilegales y están más o menos perseguidas por las autoridades tanto argelinas como saharauis. Sin embargo, esto no impide que muchos jóvenes acaben involucrados en estos “negocios” asumiendo graves riesgos y en algunos casos consecuencias que pueden hacerles perder la vida o acabar en la cárcel. El sector de la droga mueve cifras astronómicas de dinero. Llama la atención que entre la población haya una cierta división de opiniones sobre si es o no haram (pecado). Uno de los capos, ante la advertencia de un imán, que ha dictado una fatwa contra la droga diciendo que es haram, le contestó: “comerciar con la droga no es haram, lo que es haram es la pobreza”. No obstante, la opinión pública, en gran medida influenciada por la religión y los imanes, está en contra de esta actividad y la condena usando distintos argumentos. En las conversaciones diarias sobre este tema las historias suelen ser dramáticas. Se habla de persecuciones, detenciones y trifulcas o ajuste de cuentas entre distintas bandas, que operan tanto en el “territorio liberado” como dentro de los Campamentos. “Tengo mucho miedo que mis hijos se metan en esta tormenta -me comenta una madre- Es una tentación muy grande para esta juventud, que está condenada a la ociosidad. Es dinero rápido y fácil, pero sucio. Es un pecado castigado por Allah y es un peligro para su vida y para nuestra seguridad”

En cambio, la “búsqueda de la piedra”, de meteoritos, y del oro, no es haram, es solo cuestión de suerte y por tanto de providencia divina. Las historias son más bien épicas, con toques de comicidad y en muchos casos con un final feliz. Me contaron, que un día a un grupo de saharauis, cerca de 17 coches llenos de hombres, que buscaban rocas a las afueras del campamento del Aaiún, les detuvo una patrulla argelina y fueron conducidos a una base militar. Después de tomarles los datos y poner en su conocimiento que este hecho les supone tener antecedentes penales y que si reincidían podrían caerles hasta cuatro años de cárcel, el jefe argelino muy enfadado añadió: “Lo que estáis haciendo es una actividad delictiva, estáis expoliando los recursos naturales de Argelia, y blablaba blablabla….” En un momento dado, uno de los saharauis detenidos levanta la mano y le contesta: “mire usted, las piedras no son de Argelia, son de Allah, que las lanza donde quiere, ¿qué es eso de acusarnos de delincuentes?, nosotros sólo estamos buscando el pan de nuestros hijos.” Ante esta respuesta, y a pesar del clima de tensión dentro de la sala, varios saharauis y algunos soldados argelinos se troncharon de risa, provocando mas la ira del oficial.

A pesar de la estrecha vigilancia, tanto de las autoridades argelinas como de las saharauis, los hombres saharauis son leones que le han declarado la guerra al hambre y la pobreza y están demostrando que no se rinden ante ninguna adversidad… me dice mi familia.  Ahora muchos se desplazan en grupos numerosos al “territorio liberado” en busca de pepitas de oro, que se venden en el mercado negro en Mauritania y que también mueve importantes cantidades de dinero. Por lo general, buscan en la zona sur del Sáhara liberado, en concreto en la región de Tiris. El Frente Polisario ha intentado en vano custodiar la zona de búsqueda, que según algunas fuentes no oficiales abarca una superficie de 80 km2. Los buscadores de estas pepitas o vetas de oro suelen ser jóvenes nacidos en los Campamentos, que carecen de conocimientos y de experiencia. Van solo pertrechados de su ambición, capacidad de sacrificio, voluntad y mucho valor. Sin embargo, los más modernos usan equipos especiales de detección de metales con auriculares a parte de los imprescindibles pico y pala. Pasan días y noches a la intemperie, y están amenazados por la persecución policial, el miedo, el hambre y las inclemencias del tiempo. Soportando todo tipo de penurias, algunos al final son agraciados por la suerte. Se encuentran pepitas de distintos tamaños y calidades. Y “el dinero de la venta permite emprender un negocio lícito y limpio -como me ha dicho otro familiar-. La suerte es loca y a cualquiera le puede tocar…”


Todas estas novedades y cambios están contribuyendo a la mejora, en general, de la calidad de vida de los refugiados. Pero son cambios en el estilo de vida, que ahora se caracteriza por unos gastos y consumo desmedido, cuya cara menos saludable es una ingesta hipercalórica y un marcado sedentarismo (se usa el coche para todo, incluso en distancias muy cortas) y con ello una mayor incidencia y prevalencia de las enfermedades crónicas como: obesidad, diabetes, hipertensión, los dolores osteomusculares y cáncer, típicas de las sociedades del llamado “bienestar”.
Paralelamente a estas mejoras y nuevas comodidades, aumenta la apatía política y la resignación frente a las preocupaciones del día a día. Conseguir la independencia del Sáhara sigue siendo algo presente, pero se va convirtiendo en una quimera y ya no se espera con el ansia de antaño.

El plato fuerte de las conversaciones, ahora, lo ocupan los negocios y la religión. Parece como si “todos, se han vuelto expertos en la materia religiosa. Cualquier niño es un muftí; o sea abundan los falsos ulemas y esto es una de las señales del fin del mundo” sentencia mi padre. Lo cierto es que el poder religioso está cobrando una importancia capital en muy corto plazo de tiempo. Y su credibilidad, al margen de alguna crítica tibia a los extremistas, goza de muy buena salud entre los refugiados. Un imán muy influyente ya le ha echado un auténtico y peligroso el pulso al Polisario, reivindicando una “República Islámica” en lugar de la actual “Democrática” en el Sáhara. El radio de acción e influencia de los imanes se va ampliando a pasos agigantados. Su larga mano no se contenta con controlar la moral y el comportamiento, sino que también quiere hacerlo con la política, los negocios y hasta la salud, llegando a aconsejar y “recetar” todo tipo de remedios salutíferos por no decir milagrosos, basados en el Corán y la Sunna. Cobran especial protagonismo los remedios y vías que utilizó el profeta Muhammad como la arruguia. Una especie de terapia, con episodios de entrada en trance y exorcismos, basada en la autosugestión. Otro remedio usado es la lehyama (la ventosoterapia) útil según ellos para expulsar enfermedades sobre todo osteoarticulares producidas por el frio, el viento y el estancamiento de la sangre y finalmente la miel combinada con distintas plantas medicinales. Los imames, así se van convertiendo en curanderos, desplazando a los chamanes tradicionales, a los que acusan de herejes y charlatanes

                                           Ventosoterapía                         Nuevas construcciones con cemento armado 

Como conclusión, un vecino entrado en años me llegó a decir: “los saharauis a pesar del refugio, viven el mejor momento de toda su historia” en cuanto a su situación social y económica. Otra vecina viuda, gran emprendedora, remachó: “mi marido se murió en la guerra luchando por la causa común como bien sabes, pero ahora mi causa son mis hijos y no quiero que sigan pasando las calamidades que yo he pasado. Sólo Allah sabe por cuánto tiempo más estaremos en esta tierra (la hamada)… dicen que tenderemos luz eléctrica en el 2018, y por eso yo me estoy construyendo mi casa de bloques de cemento y varillas de hierro”.

Lehdía Mohamed Dafa

7 mayo 2017