miércoles, 21 de junio de 2017

Antes de que salgan los demonios

“Lailat Algadar”, según la tradición musulmana, es la noche 27 del mes de Ramadán y es una noche mágica, porque es la noche en la que el profeta Muhammad recibió los primeros versículos del Corán a través del arcángel Gabriel. Es la noche más espiritual y la mejor del año para todos los creyentes.

“Lailat Algadar” cuya traducción literal sería la noche del destino, también es la noche del honor, de la grandeza, de la bondad, de la misericordia…. Durante esta noche única Allah complace los deseos, perdona los pecados y recompensa las buenas acciones de los creyentes, los cuales deben entregarse a lo largo de toda la noche a la oración intensa y a la lectura y recitación del Corán. Y es en esta noche, también del decreto, en la que Allah decide todo lo que pasará en la vida de cada uno durante un año, o sea hasta la misma noche 27 del año próximo; como será la salud o enfermedad, la riqueza o pobreza, la dicha o desdicha y hasta si será el año en el que fallezcamos.

Durante esta noche los ángeles descienden del cielo y ejercen un efecto protector sobre los creyentes. Con su fuerza espantan a Shaitán, Satanás, dejándole sin poder alguno, impotente para hacer el mal.



Sin embargo, los saharauis, hasta no hace mucho, celebraban esta noche según una versión propia muy peculiar…. Recuerdo en mi infancia -en los Campamentos casi sólo había mujeres y niños- que unos días antes nuestras madres ya tenían todo preparado para recibir la noche 27 del Ramadán. Las conversaciones empezaban a adquirir un tono apocalíptico antes de que salieran los demonios, ya que según el imaginario popular durante ésta noche el cielo se abre literalmente y desde allí la tierra es invadida por oleadas de espíritus malignos listos para atacar a cualquiera de la forma más abominable, incluso hasta producirle la muerte. Así, nuestras madres procuraban tener a este ejercito de malvados a raya desde bien temprano. Para espantarles, además de recitar sin parar el poco Corán que sabían, un poco antes de la caída del sol, pasaban a la acción; era el momento clave, antes del cual tres cosas muy importantes tenían que estar resueltas: primero, los niños tenían que estar recogidos y bajo la vigilancia de un adulto, preferiblemente sus propias madres; luego nos untaban una raya de alquitrán, por lo general en la frente, decían que era el mejor antídoto para ahuyentar a los espíritus; también quemaban abundante incienso por toda la jaima, el patio y la cocina; y por último, todos los utensilios, tanto del té como los de la cocina, tenían que estar bien limpios y colocados boca abajo para evitar que fueran “lamidos” y que en ellos permanecieran escondidos estos seres malignos.

Los niños lo pasábamos muy mal, realmente pensábamos que podíamos ser atacados en cualquier momento por uno de estos monstruos que descendían del cielo una vez que el sol se ocultaba. Era frecuente en todas las familias que se produjese algún tipo de alucinación o visiones. Las anécdotas, pesadillas y hechos extraordinarios se contaban al día siguiente. Muchas no se me han olvidado...
Un año, la noche 27 nos pilló en mitad del curso, internos y desvalidos, sin la protección de nuestras madres, ni la del alquitrán, en el Colegio “9 de Junio”. Antes de meterse el sol, al atardecer, de pronto, se empezaron a producir escenas de pánico, que se sucedían una tras otra; gritos y carreras alocadas en busca de algún tipo de protección o refugio en las inmediaciones de los dormitorios de las niñas. Una niña, justo al meterse el sol y un poco antes de que se encendieran las luces, grito aterrorizada que estaba siendo abofeteada brutalmente por una oveja enorme que tenía los ojos pintados de negro. No pudimos pegar ojo en toda la noche.

Poco a poco los saharauis se han ido reconciliando con el significado ortodoxo de la noche 27 del Ramadán. Hoy, ya nadie se acuerda del alquitrán…. Los niños siguen con sus juegos, sin horario ni calendario, protegidos por los ángeles, mientras los mayores se recogen desde temprano para rezar o acuden a la mezquita para hacer sus peticiones a Allah, en paz y tranquilidad; sabiendo que los espíritus malignos, con Satanás a la cabeza, al menos esta noche, tienen las puertas de la Tierra cerradas a cal y canto a su maldad.

Lehdía Mohamed Dafa

21 junio 2017

domingo, 7 de mayo de 2017

Las piedras son de Allah. Y los bloques, mejor de cemento

Un año más he viajado a los Campamentos, los nuestros, claro, los de refugiados saharauis. Además de atender a los que lo necesitan, pasando consulta diaria a “pie de jaima”, enfocada este año hacia la salud mental, y las visitas familiares, ha habido tiempo para seguir descubriendo aspectos interesantes y desconocidos para mí de la cultura saharaui y de las transformaciones sociopolíticas que están aconteciendo en nuestra singular sociedad, en un exilio que se nos vuelve eterno.



Creo no equivocarme si digo que se están produciendo cambios transcendentales en la vida cotidiana de los refugiados saharauis y una metamorfosis en la percepción del conflicto político sin precedentes. Como es lógico e inevitable, las intensas relaciones comerciales y familiares con la vecina Mauritania, Argelia y el Sáhara ocupado, van dejando su impronta y ciertas tendencias; al fin y al cabo, son expresiones de una cultura común bidán de raíces ancestrales, que compartimos.

Puede decirse que el nivel de vida en los Campamentos ha venido mejorando desde el alto el fuego gracias, entre otros factores, al desarrollo de un comercio local, que es la actividad económica principal. Pero también en los últimos años han ido surgiendo nuevos emprendimientos en el sector servicios y de la restauración. Éste último atrae fundamentalmente a las mujeres, gracias a los sistemas de microcréditos concedidos por algunas ONGDs extranjeras. Como curiosidad se podría contar que hay un local con el letrero de “Caja de Ahorros Sahara”, aunque como todos sabemos el sistema de préstamos y envíos de dinero es muy informal y está basado en la confianza mutua y la “fraternidad”, ya que el Islam prohíbe la “usura”, y por tal se considera el cobro o pago de intereses.

Caja de Ahorros en Rabuni 

En cuatro de los cinco campamentos los hogares disfrutan, ¡por fin! de luz eléctrica, falta El Aaiún. Como dice mi tía, que vive en Smara, “es una bendición, es como haber salido de una cueva…”; “a mí me da mucho miedo -dice otra-…tanto cable a la vista, con los niños correteando por todas partes, y que todo lo tocan”. Y es cierto que ya ha habido algún accidente mortal.

Otro cambio importante está siendo la mejora de las infraestructuras. Hay carreteras asfaltadas que unen los campamentos entre si  y otras a estos con Rabuni y con Tindouf. Lo cual junto al precio barato del combustible ha favorecido al sector de transporte tanto de viajeros como de mercancías y al auge de autoescuelas, que permiten conseguir permisos de conducir también a las mujeres, a las que se ve conduciendo como nunca antes en la historia de los saharauis.

La mentalidad de autoabastecimiento alimentario, en forma de huertos familiares apoyados por distintas ONGDs ha seguido aumentando, lo que favorece algo tan importante como es el consumo de fruta y verdura ecológicas. También se puede constatar como el consumo per cápita de carnes, (camello, cordero/cabra y pollo) sigue aumentando.

Ensalada con verduras de huerta familiar 

Evidentemente, como suele ocurrir, estos cambios no favorecen a todos por igual. Lo que inevitablemente genera frustración y desesperación entre muchos cabezas de familia. Y eso propicia que hayan surgido otras actividades, que en los últimos años han cobrado importancia en la economía de los Campamentos. Estas son: el tráfico de drogas y la búsqueda de meteoritos y oro. Estas dos actividades son consideradas ilegales y están más o menos perseguidas por las autoridades tanto argelinas como saharauis. Sin embargo, esto no impide que muchos jóvenes acaben involucrados en estos “negocios” asumiendo graves riesgos y en algunos casos consecuencias que pueden hacerles perder la vida o acabar en la cárcel. El sector de la droga mueve cifras astronómicas de dinero. Llama la atención que entre la población haya una cierta división de opiniones sobre si es o no haram (pecado). Uno de los capos, ante la advertencia de un imán, que ha dictado una fatwa contra la droga diciendo que es haram, le contestó: “comerciar con la droga no es haram, lo que es haram es la pobreza”. No obstante, la opinión pública, en gran medida influenciada por la religión y los imanes, está en contra de esta actividad y la condena usando distintos argumentos. En las conversaciones diarias sobre este tema las historias suelen ser dramáticas. Se habla de persecuciones, detenciones y trifulcas o ajuste de cuentas entre distintas bandas, que operan tanto en el “territorio liberado” como dentro de los Campamentos. “Tengo mucho miedo que mis hijos se metan en esta tormenta -me comenta una madre- Es una tentación muy grande para esta juventud, que está condenada a la ociosidad. Es dinero rápido y fácil, pero sucio. Es un pecado castigado por Allah y es un peligro para su vida y para nuestra seguridad”

En cambio, la “búsqueda de la piedra”, de meteoritos, y del oro, no es haram, es solo cuestión de suerte y por tanto de providencia divina. Las historias son más bien épicas, con toques de comicidad y en muchos casos con un final feliz. Me contaron, que un día a un grupo de saharauis, cerca de 17 coches llenos de hombres, que buscaban rocas a las afueras del campamento del Aaiún, les detuvo una patrulla argelina y fueron conducidos a una base militar. Después de tomarles los datos y poner en su conocimiento que este hecho les supone tener antecedentes penales y que si reincidían podrían caerles hasta cuatro años de cárcel, el jefe argelino muy enfadado añadió: “Lo que estáis haciendo es una actividad delictiva, estáis expoliando los recursos naturales de Argelia, y blablaba blablabla….” En un momento dado, uno de los saharauis detenidos levanta la mano y le contesta: “mire usted, las piedras no son de Argelia, son de Allah, que las lanza donde quiere, ¿qué es eso de acusarnos de delincuentes?, nosotros sólo estamos buscando el pan de nuestros hijos.” Ante esta respuesta, y a pesar del clima de tensión dentro de la sala, varios saharauis y algunos soldados argelinos se troncharon de risa, provocando mas la ira del oficial.

A pesar de la estrecha vigilancia, tanto de las autoridades argelinas como de las saharauis, los hombres saharauis son leones que le han declarado la guerra al hambre y la pobreza y están demostrando que no se rinden ante ninguna adversidad… me dice mi familia.  Ahora muchos se desplazan en grupos numerosos al “territorio liberado” en busca de pepitas de oro, que se venden en el mercado negro en Mauritania y que también mueve importantes cantidades de dinero. Por lo general, buscan en la zona sur del Sáhara liberado, en concreto en la región de Tiris. El Frente Polisario ha intentado en vano custodiar la zona de búsqueda, que según algunas fuentes no oficiales abarca una superficie de 80 km2. Los buscadores de estas pepitas o vetas de oro suelen ser jóvenes nacidos en los Campamentos, que carecen de conocimientos y de experiencia. Van solo pertrechados de su ambición, capacidad de sacrificio, voluntad y mucho valor. Sin embargo, los más modernos usan equipos especiales de detección de metales con auriculares a parte de los imprescindibles pico y pala. Pasan días y noches a la intemperie, y están amenazados por la persecución policial, el miedo, el hambre y las inclemencias del tiempo. Soportando todo tipo de penurias, algunos al final son agraciados por la suerte. Se encuentran pepitas de distintos tamaños y calidades. Y “el dinero de la venta permite emprender un negocio lícito y limpio -como me ha dicho otro familiar-. La suerte es loca y a cualquiera le puede tocar…”


Todas estas novedades y cambios están contribuyendo a la mejora, en general, de la calidad de vida de los refugiados. Pero son cambios en el estilo de vida, que ahora se caracteriza por unos gastos y consumo desmedido, cuya cara menos saludable es una ingesta hipercalórica y un marcado sedentarismo (se usa el coche para todo, incluso en distancias muy cortas) y con ello una mayor incidencia y prevalencia de las enfermedades crónicas como: obesidad, diabetes, hipertensión, los dolores osteomusculares y cáncer, típicas de las sociedades del llamado “bienestar”.
Paralelamente a estas mejoras y nuevas comodidades, aumenta la apatía política y la resignación frente a las preocupaciones del día a día. Conseguir la independencia del Sáhara sigue siendo algo presente, pero se va convirtiendo en una quimera y ya no se espera con el ansia de antaño.

El plato fuerte de las conversaciones, ahora, lo ocupan los negocios y la religión. Parece como si “todos, se han vuelto expertos en la materia religiosa. Cualquier niño es un muftí; o sea abundan los falsos ulemas y esto es una de las señales del fin del mundo” sentencia mi padre. Lo cierto es que el poder religioso está cobrando una importancia capital en muy corto plazo de tiempo. Y su credibilidad, al margen de alguna crítica tibia a los extremistas, goza de muy buena salud entre los refugiados. Un imán muy influyente ya le ha echado un auténtico y peligroso el pulso al Polisario, reivindicando una “República Islámica” en lugar de la actual “Democrática” en el Sáhara. El radio de acción e influencia de los imanes se va ampliando a pasos agigantados. Su larga mano no se contenta con controlar la moral y el comportamiento, sino que también quiere hacerlo con la política, los negocios y hasta la salud, llegando a aconsejar y “recetar” todo tipo de remedios salutíferos por no decir milagrosos, basados en el Corán y la Sunna. Cobran especial protagonismo los remedios y vías que utilizó el profeta Muhammad como la arruguia. Una especie de terapia, con episodios de entrada en trance y exorcismos, basada en la autosugestión. Otro remedio usado es la lehyama (la ventosoterapia) útil según ellos para expulsar enfermedades sobre todo osteoarticulares producidas por el frio, el viento y el estancamiento de la sangre y finalmente la miel combinada con distintas plantas medicinales. Los imames, así se van convertiendo en curanderos, desplazando a los chamanes tradicionales, a los que acusan de herejes y charlatanes

                                           Ventosoterapía                         Nuevas construcciones con cemento armado 

Como conclusión, un vecino entrado en años me llegó a decir: “los saharauis a pesar del refugio, viven el mejor momento de toda su historia” en cuanto a su situación social y económica. Otra vecina viuda, gran emprendedora, remachó: “mi marido se murió en la guerra luchando por la causa común como bien sabes, pero ahora mi causa son mis hijos y no quiero que sigan pasando las calamidades que yo he pasado. Sólo Allah sabe por cuánto tiempo más estaremos en esta tierra (la hamada)… dicen que tenderemos luz eléctrica en el 2018, y por eso yo me estoy construyendo mi casa de bloques de cemento y varillas de hierro”.

Lehdía Mohamed Dafa

7 mayo 2017

domingo, 2 de abril de 2017

“Influenciado por Occidente”, una acusación que funciona. Y seis lecciones que debemos aprender de Occidente

Asria Mohamed Taleb


Por desgracia, y con bastante frecuencia, cada vez que se abre el debate sobre algún tema sensible o negativo de nuestra sociedad o simplemente cuando alguien se atreve a expresar una opinión distinta a la opinión predominante, inmediatamente es acusado de que está influenciado por la cultura occidental. Esta acusación es utilizada muy a menudo especialmente en los debates en las redes sociales sea cual sea el tema del que se trate.

En primer lugar, cuando acusamos a alguien de que está influenciado por Occidente, estamos subestimando su capacidad intelectual para construir una opinión propia, crítica e independiente, mostrando, por tanto, un menosprecio, que a Occidente ni le va ni le viene

En segundo lugar, y con independencia de nuestro lugar de residencia, cada uno de nosotros tiene capacidad para crear su propia opinión sobre la base de sus experiencias, vivencias personales y su interacción con el mundo que le rodea ya sea Occidente u Oriente.

Obviamente, las diferencias en cuanto a nuestras experiencias personales, por un lado, y la influencia del medio, produce inevitablemente diferencias en la formación de la personalidad de cada uno generando distintos puntos de vista y opiniones. Tenemos que analizar esta cuestión por la intolerancia y radicalismo que estamos viendo cada vez que se intenta dialogar sobre el tema que sea. Debemos aprender y enseñar a las generaciones venideras que las diferencias de opinión son lo lógico, lo normal y lo sano, y sobre todo debemos aprender, que por muy diferente que opinemos, por encima de todo debe prevalecer el respeto hacia el otro que opina distinto.

En nuestra sociedad, cuando se le acusa a alguien de que está influenciado por Occidente, automáticamente se está dudando de su personalidad y de sus valores morales. Cuando acusamos a alguien que está influenciado por Occidente, de forma indirecta, le estamos menospreciando, y desdeñando o vilipendiando su personalidad. “Cualquier viento le arrastra” (como dicen los saharauis)

Ahora bien, como alguien que vive en Occidente y que veo a diario cómo muchos compatriotas presentan la excusa de la influencia de Occidente como argumento en infinidad de debates, me gustaría responderles partiendo de mi experiencia personal.
Para empezar la pregunta que deberíamos plantearnos es: ¿qué es realmente Occidente en nuestro imaginario? ¿Es Occidente tan malo hasta el punto de que nadie quiera imitarlo? ¿Es Occidente retrógrado y salvaje hasta el punto de que nadie desea parecerse a él? ¿Es Occidente un mundo inmoral y de vicios hasta el punto que no es posible vivir entre sus gentes? ¿Es Occidente ateo y carente de religiosidad hasta el punto de que tenemos que andar con un Corán al cuello como amuleto para que no nos obliguen a rezar en las iglesias en cualquier momento? ¿Es Occidente tan secular hasta el punto de que no hay lugar para los creyentes en él? ¿Es Occidente tan racista que no hay lugar para los negros en él? Antes de viajar a Europa yo pensaba como muchos que nos imaginábamos a Occidente como una selva de vicios sin ningún tipo de orden, una comunidad sin valores morales, ni religiosos, ni sociales. Había oído muchos tópicos y frases sobre los nasara (occidentales) como por ejemplo: “los occidentales son sucios” y así me los imaginaba desnudos, sin sólidas relaciones sociales como las nuestras. También, con esa frase que engloba otro sentido moral, me los había imaginado como gente que no tiene ningún respeto hacia la tradición del matrimonio y todos pueden tener relaciones con cualquiera y de cualquier manera. Otra frase que había oído infinidad de veces era: “los occidentales son una panda de ignorantes, que no saben ni donde están parados” y me los imaginaba como gente que no sabe ni siquiera leer ni escribir, y que si no fuera por los sabios de Oriente Europa no existiría.
Nuestro avión aterrizó un día en el suelo del Occidente ateo y corrompido, como suelen decir muchos, y ¿cuál ha sido mi sorpresa?. Pues es como si mi avión hubiera aterrizado en otro planeta entre cuyos habitantes y nosotros hubiese transcurrido un siglo. No he visto a nadie tirar la basura al suelo, nadie levanta la voz en el autobús, nadie se cuela. Aún así me negaba a darle las gracias a Occidente, porque nosotros somos mejores y esto es lo que había dicho nuestro profesor de la sharia cuando yo cursaba el bachiller, a pesar de que él no había pisado nunca Occidente. A los pocos días de nuestra llegada a la residencia (estudiantil) nos llevaron a un lugar pequeño y muy bonito, aislado y rodeado de árboles, y nos dijeron que lo podemos usar para la oración y lectura del Corán. Estaba sorprendida y contenta, pero también con vergüenza ajena por todo el respeto que el Occidente infiel nos estaba dando, ya que durante mis estudios en un país musulmán no teníamos un lugar ni siquiera para rezar.  Llegó el Ramadán y nadie nos incordió, ni cuestionó, el por qué ayunamos, ni nuestra forma de vestir o rezar, todo lo contrario, todos independientemente de sus religiones, cristianos, judíos, budistas y hasta los ateos nos han felicitado por la llegada del Ramadán. Aquellos que han preguntado lo han hecho con respeto y cautela cuidando siempre no herir nuestra sensibilidad y no ofender nuestras creencias, y si han opinado diferente lo hacen con argumentos objetivos y profesionales. A partir de entonces, empecé a intentar verles simplemente como personas de otro color distinto al nuestro, nasara de “piel roja”, de distintas creencias, y no sólo como “el Occidente infiel” “ellos con su religión y yo con la mía”, porque al fin y al cabo el Islam insta a la convivencia respetando las creencias religiosas de los demás.

Llegó el día del Id (fiesta del final del Ramadán), y mi sorpresa fue todavía mayor. Uno de los profesores y su esposa Bárbara, cristiana practicante, habían sufragado todos los gastos de la fiesta de su propio bolsillo. Ella cocinó los platos mas deliciosos, que nos suelen gustar a los musulmanes. ¿Tomamos la obra de Bárbara como el acto de buena fe de una buena cristiana que respeta la religión de los demás o como un acto de alguien, con una agenda oculta, que con fines proselitistas intenta destruir nuestra fe musulmana?  No, Bárbara es una africana, que había trabajado durante muchos años en la enseñanza y está acostumbrada a tratar a todos con respeto independientemente de su credo, raza o lugar de procedencia.

Durante las noches del Ramadán hacíamos té saharaui al que invitábamos a estudiantes de diferentes nacionalidades y religiones, y les explicábamos lo que era el Ramadán y el Islam, para así desmontar los tópicos que muchos de ellos también tenían sobre nosotros como musulmanes como los tenemos nosotros sobre ellos como occidentales.

Nuestro centro dispone también de piscina, a la cual se puede acudir cualquier día salvo los miércoles que permanece reservada exclusivamente para las estudiantes musulmanas. Ningún estudiante ni trabajador se había opuesto a esta decisión, porque una de las características de muchos occidentales es que respetan y aceptan las opiniones y las religiones de los otros, aunque estén en contra al 100%. Esta es la primer lección que debemos aprender de Occidente, y obviamente excluyo a los racistas y xenófobos que los hay.

Otro de los mitos que también oímos sobre Occidente es que carecían de relaciones y vínculos sociales solventes y que abandonan a sus mayores en los hogares y residencias de ancianos, sin saber que precisamente son muchas las personas mayores las que prefieren estar en estos lugares por la profesionalidad y calidad  de los cuidados que allí reciben. La mayoría de las familias que conozco tienen unos vínculos familiares muy fuertes, exactamente igual que nuestra sociedad. Se interesan y se cuidan los unos a los otros como lo hacemos nosotros. Aquí en Noruega, los jóvenes prefieren independizarse nada más empezar la universidad, no porque no quieren a sus padres o porque le han echado de casa como solemos pensar, y calificar de faltos de compasión, sino porque los jóvenes aprenden a ser independientes y adquieren el sentido de la responsabilidad desde muy pequeños. Mientras que en nuestra sociedad los encuentras rozando los cuarenta y ni siquiera sabe freír un huevo.

La segunda lección, es la independencia y la igualdad entre los hombres y las mujeres en la vida en general y en los quehaceres diarios. Tampoco es cierto que los nasara  son gente entregada al vicio sin control ni freno ninguno. Son como nosotros, los hay virtuosos y los hay viciosos. Si no tienes miedo a Alah ni a la sociedad cuando acosas a una joven paisana en la calle, intenta acosar a una europea aquí…. Tropezarás primero con el peso de la ley que protege a las mujeres. Esto no quiere decir que sean sociedades libres del acoso sexual, pero las cifras son ínfimas. Y al menos las mujeres no tienen miedo “al que dirán” cuando tienen que poner una denuncia contra un acosador. Mientras en nuestras sociedades musulmanas las mujeres no se atreven a denunciar el acoso y otros comportamientos similares de algunos hombres por miedo a los juicios morales que suelen convertirlas de víctima en culpables. “Que se fastidie”, como dicen en nuestra cultura, “¿qué hacías a esa hora en la calle para que te acosen o te violen?”, Así las cifras de acoso y violaciones permanecen ocultas y silenciadas, como si no existiesen, simplemente porque nadie se atreve a hablar de ellas. Entonces ¿de qué podemos presumir si sabemos que lo que esta oculto es todavía mucho peor?

La tercera lección, de Occidente tenemos que aprender a ser honestos y valientes a la hora de debatir fenómenos negativos en nuestra sociedad como éste. Que nuestras mujeres aprendan a no tener miedo

Muchas veces vemos a gran parte de nuestros intelectuales escribir, “fulana o fulano viste igual que los nasara”. Sin embargo, en mi opinión, Occidente, si no incluimos a los partidos políticos extremistas que combaten el uso del velo y demás símbolos musulmanes, es mucho más compasivo y misericordioso que nosotros. Es mucho más tolerante con las otras religiones y diferencias de opinión que nosotros; sé que para nosotros es muy difícil admitirlo… Durante mis primeros días aquí me llevé una gran sorpresa al ver a una chica con velo en el ejército noruego. Muchas mujeres musulmanas con velo ocupan altos puestos de responsabilidad en los partidos políticos, y también musulmanas sin velo. ¿Sabéis por qué Occidente tiene más éxito que nosotros? El secreto está en la capacidad de sus ciudadanos de convivir entre ellos, a pesar de las diferentes religiones. En un país pequeño como Noruega hay más de 126 mezquitas y la cifra sigue aumentando. Mezquitas construidas en la tierra de los infieles, y con el apoyo de los mismos infieles ¿Cómo puede ser esto? ¿Cuál sería nuestra reacción si alguno de nuestros huéspedes extranjeros en los campamentos pidiese un rincón para rezar? Todos conocéis cuál sería nuestra reacción, a pesar de que nuestra religión insta a la tolerancia y el respeto al otro. Pero si nosotros no aceptamos ni la opinión diferente de nuestros propios paisanos, ¿cómo vamos a aceptar la de un nasarani, o un budista o quien sea?. El profeta Muhamad dijo: “Quién ama a una comunidad es uno de ella”. Esta claro que cualquier persona está influenciada por su entorno, sea en Occidente o en cualquier otro lugar, pero lo que no es admisible es que juzguemos a cualquiera dando por hecho que sus influencias son siempre negativas, ya que nuestra opinión personal está determinada por juicios preconcebidos y opiniones subjetivas sobre los demás tomando como base la información superficial de su perfil personal en las redes sociales como fotos, etc.

Vivir en Occidente te enseña a ser modesto y humilde. Te encuentras todos los días con dueños de negocios, que tienen grandes sumas de dinero que calzan unas simples deportivas, mientras que el rey de Arabia Saudí tiene de oro hasta la escalera de su avión privado y es quién bombardea a sus primos de sangre y de religión, Sin embargo es la sociedad civil occidental infiel quien les suministra ayuda humanitaria.

Occidente te enseña a ser solidario. Cuando Trump vetó el visado a varios países musulmanes, el Occidente infiel, representado por sectores de la sociedad civil americana salió a la calle y se solidarizó con los musulmanes pasando horas y días manifestándose en los aeropuertos. Miles de manifestantes han dado la bienvenida a los refugiados sirios en todos los países europeos y han presionado a sus gobiernos para abrir las fronteras a las familias que huyen de la guerra ¿Cuándo hemos escuchado algo similar por parte de Arabia Saudi, Kuwait, o Qatar?, ¿Por qué? ¡Aja!, ¡seguro!, los pobres tienen poco dinero…. sino lo habrían hecho.

Lección número cinco. No tiene nada de malo que nos dejemos influenciar por los demás. La influencia no tiene porque ser sólo cosas negativas. Durante mis viajes entre distintas ciudades noruegas y mis reuniones para dar a conocer nuestra causa, me he encontrado con cientos de personas, algunos cristianos, otros judíos, budistas o ateos, la mayoría se quedan atónitos y sorprendidos cuando se les habla de la última colonia en África y se indignan al saber que grandes empresas de sus propios países están expoliando los recursos naturales de nuestra tierra ocupada. Se solidarizan y simpatizan con nosotros sin detenerse a pensar o preguntar qué religión profesamos y al día siguiente preparan la mochila para viajar al territorio ocupado, para romper el muro de silencio informativo sobre la zona. La experiencia, sin embargo, es totalmente distinta cuando me encuentro con algunos árabes. María, una hermana que no me la ha dado mi madre, no cree en ninguna religión, pero participa en cualquier campaña a favor de los musulmanes. Tuna, una estudiante de Derecho noruega ha viajado tres veces para asistir  al juicio de los presos de Gdeim Izik, sin haber preguntado jamás por su religión, porque ha puesto su humanidad por delante de cualquier otra consideración.

Lección número seis. Debemos aprender que la religión es una cuestión personal, la relación de cada uno con su dios. Y nadie tiene el derecho de acusar a los otros de ser ateos o infieles simplemente porque viste de forma diferente o tiene otro tipo de creencias. Lo mejor que se puede hacer es que “cada palo aguante su vela”. Hay muchas más cosas que debemos aprender de Occidente y no debemos avergonzarnos por ello. Aceptar la opinión del otro y aprender una cultura del dialogo construida sobre la base del intercambio de puntos de vista y la libertad de cada parte con respeto hacia el otro, porque muchos de nosotros somos radicales en las opiniones y ese radicalismo llega a los límites de la ofensa, con expresiones intolerables. Demos aceptar las otras cultura, porque nuestra sociedad no siempre tiene razón siempre y nuestras ideas no son siempre las mas acertadas. Por tanto podemos influir y ser influenciados por los demás, y seleccionar entre mejor y lo peor de cada cultura.

Por desgracia, nosotros huimos de nuestros problemas cuando criticamos a Occidente y le echamos la culpa de todos nuestros males. Estamos obsesionados con una teoría de la conspiración, culpamos a Occidente de nuestra pobreza y retraso y olvidamos criticar a nuestros gobernantes. Culpamos a Occidente de nuestras guerras fratricidas y olvidamos a los muftíes que comercializan con ellas por intereses personales, y la lista es larga…. Occidente no es un paraíso, pero queramos o no, ellos son mejores que nosotros en muchos aspectos. Ha llegado el momento, por tanto, de reflexionar sobre nuestra forma de ver las cosas y actuar. Debemos hacerlo de forma honesta y reconocer que estamos en un coma profundo del cual debemos despertar ya.

Traducido del árabe por Lehdía Mohamed Dafa