martes, 16 de julio de 2019

La economía de los invisibles

por Abdalahi Salama Machnan     

Un severo verano más, que se suma a los cuarenta y tres últimos, que los saharauis han soportado en las inhóspitas tierras desérticas del sur de Argelia. A pesar de ser una certeza, siempre parece sorprendernos. Unas temperaturas que superan la barrera de los 50 grados centígrados, en una de las olas de calor más intensas registradas en las últimas décadas.
La canícula invita a soñar a muchos habitantes del planeta; para afrontar en condiciones este período caluroso del año, se planean las vacaciones, las familias se organizan para ir a refrescar en las playas, en los ríos, activan el modo letargo: Una larga temporada de reposo, descanso, entumecimiento y desconexión. Se posponen decisiones hasta el nuevo curso. Los que gozan de estos privilegios de ensoñar con estos pensamientos tienden a considerarlos normales; lastimosamente, no es así en nuestro caso. Somos una extremidad de un cuerpo social con una elevada proporción de sus miembros al margen de las posibilidades de algunos, de disfrutar, si no de un merecido descanso, si de una “tregua” pactada, para soportar las inclemencias meteorológicas y renovarnos.
Las estadísticas nos suministran una imagen cruda, según la cual, las familias saharauis que se pueden permitir el lujo de hacer frente a un alquiler veraniego en la ciudad argelina de Tinduf, para resguardarse de las fuertes olas de calor, es de un 18,7% aproximadamente, el 81,3% restante ha asimilado las inmisericordes leyes del mercado libre, las cosas no son baratas. Paradojas del capitalismo, las condiciones de vida actuales ofrecen una panorámica desoladora de la sociedad que nos ha tocado vivir. En muchos de nuestros hogares decir vacaciones no tiene sentido: sencillamente no las pueden hacer ni las harán nunca. En suma, una sociedad, la nuestra, profundamente dividida en lo material y lo social, con proporciones de familias e individuos para los que no tienen ningún tipo de ingreso económico, ni pueden hacerle frente ni siquiera a las tarifas del transporte privado que cubre las rutas diarias entre los cuatro campamentos, la capital administrativa Rabuni y la ciudad argelina de Tindouf. Es una situación que nos obliga a una reflexión profunda y a una actuación pública inmediata.



Precios de los alquileres- Tinduf- junio 2019 (1).








(1) Elaboración propia, a partir de números orientativos, obtenidos mediante una aproximación del canje de divisas entre el Dinar y el Euro a fecha de mayo de 2019.

El modelo neoliberal de la economía capitalista ha grabado a fuego el dogma, según el cual: la clave no es proveer en la abundancia sino administrar precios en la escasez. Los alquileres en Tinduf entre los meses de cctubre hasta abril son asequibles, junio será caro, julio y agosto puede serlo más. Pero, ya se sabe, no hay más cera que la que arde. Y así, en nuestra situación, continúa sorprendiendo el desapego de la clase política dirigente respecto de: el encarecimiento del nivel de vida de la cesta básica de alimentos, la falta de control del gasto público, la nula política fiscal de la recaudación de impuestos, la falta de políticas claras que luchan contra la pobreza y la desigualdad. Estamos ante escenarios nuevos que la mayoría de los economistas denominan ≪la cuarta revolución industrial≫, tenemos la opción de dejarnos llevar por esa ola del cambio o dejar que nos arrolle. A los ciudadanos de a pie, de una u otra forma, no nos quedan más remedio que adaptarnos a esta transformación y, en muchos casos pagando un alto precio por ello, aquí en los campamentos tenemos la sensación de que los políticos no están implicándose lo suficiente para que salgamos de este atolladero que dura ya más de cuatro décadas, sino que, además, continúan enfrascados en sus guerras sucias, diseñar macabras estrategias de cara a ganar un puesto en la casa amarilla en la próxima cita congresual.
El escenario político que estamos viviendo actualmente es deprimente, un presidente sin poder ejecutivo, diputados de trayectoria intachable que presentan su carta de dimisión. La política se ha convertido en un teatro en el que la charlatanería, tanto en los medios de comunicación, las instituciones y las redes sociales, es la táctica por todos utilizada. En líneas generales nuestra política nacional está desincentivando la confianza del ciudadano en las instituciones y la imagen del gremio político, la mesura, el raciocino y el sentido de Estado han sido sustituidos, entre otras muchas cosas, por la codicia, la hipocresía, la inmoralidad, el embuste y la calumnia. La vieja política con sus viejos políticos ha terminado, pero los viejos políticos no quieren dejar a su obsoleto sistema. Se aferran a la silla.
Al final, no podemos tolerar a que haya entre nosotros a un segmento de nuestra sociedad invisible, son legión y están aquí entre nosotros, ausentes e invisibles solo para los que no quieren verlos. No brindar un futuro adecuado a toda la población saharaui, no es simplemente injusto, es exponencialmente estúpido económicamente hablando. 
15 julio 2019 

sábado, 6 de julio de 2019

Aquellos niños de Chernóbil

Por Lehdía Mohamed Dafa 

Verano de 1990. Había viajado a la Habana desde la Isla de la Juventud donde me encontraba estudiando en compañía de un grupo de jóvenes saharauis para participar en un Festival Cultural Internacional. Nos hospedamos en una casa del antiguo barrio residencial Tarará, situado a unos veinte minutos de la capital. Aquel barrio, en su día, fue un complejo de urbanizaciones con balneario y cerca de quinientas casas lujosas pertenecientes a la burguesía cubana. Fidel Castro lo convirtió en el Campamento de Pioneros José Martí. 

Para cruzar los 145 Km, unas 90 millas, que separan la Isla de la Juventud del Puerto de Batabanó de la Habana, el ferry, un viejo y lento cacharro de fabricación rusa, tardó casi 6 horas. El avión y la lancha rápida conocida como “la cometa”, que tardaban tan solo media hora y dos horas respectivamente, eran un lujo al alcance de muy pocos. 

Llegamos al campamento pasadas las dos de la tarde. El calor era sofocante. Una capa de humedad pegada a la piel y mezclada con nuestro sudor nos empezaba a asfixiar a todos. Deseábamos desesperadamente una ducha. Pero en la casa no había agua…. Estábamos acostumbrados a los cortes de agua y electricidad. “No pasa nada”, nos dijo el monitor, “seguro que lo arreglarán pronto”. La playa, que estaba muy cerca era la solución; y ejercía un magnetismo irresistible. 

Cada verano, el campamento Tarará acogía a una gran cantidad de niños de todos los rincones de Cuba y de muchos países del mundo. En esta ocasión, la playa estaba abarrotada de niños, pero algo llamaba poderosamente la atención. No se veía la mezcla de colores de las distintas razas, todos eran blancos como la nieve y de cabellos dorados. Algunos tenían un aspecto enclenque y la cabeza pelada. La escena nos resultó insólita, impactante. En contraste, nosotros, que también éramos niños, eso si con piel tostada y rebosantes de salud y energía, curiosos como gatos, no tardamos en saber que aquellos niños no habían venido a participar en el Festival Cultural. Aquellos niños rubios y pálidos, estaban allí gracias a un programa especial del Gobierno cubano. Mientras disfrutaban de su estancia en el Campamento de Tarará, recibían tratamientos médicos y rehabilitación para paliar una gran cantidad de dolencias físicas y psicológicas, algunas muy graves. Eran una pequeña parte de las víctimas del accidente nuclear de Chernóbil, en abril de 1986. 
Hace unos días he podido ver la miniserie de HBO “Chernobyl”, que recrea aquella catástrofe. No quiero destripar lo que en la serie se cuenta, pero si decir que me ha gustado mucho; muy bien ambientada, con un exquisito cuidado de los detalles técnicos, estéticos y narrativos, y un extraordinario elenco de actores, entre los que destaca la magistral interpretación que Jared Harris hace del prominente científico químico Valeri Legásov. La serie además rinde homenaje a aquellos heroicos bomberos, mineros, soldados, etc., que a sabiendas o no de lo que les esperaba, se adentraron en la zona cero del infierno.

Todos, con Legásov a la cabeza, tratan de mitigar los efectos de la mortífera e invisible radiación, que te llega a angustiar aunque estés cómodamente sentado viendo la pantalla a miles de kilómetros y decenas de años. Pero muy pocos se atreven a investigar la causa de lo ocurrido para que nunca mas se vuelva a producir un accidente de esas características. El prestigio y la capacidad tecnológica de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas está en juego a los ojos del mundo. La mentira y la propaganda, una vez más, se convierten en un recurso que la “Gran Revolución Socialista de Octubre” exige.   
A día de hoy, ni siquiera se sabe el número de víctimas directas o indirectas. Y tampoco el verdadero impacto económico, ambiental y social del mayor desastre nuclear de la historia de la humanidad. Quizás lo único cierto, es que Chernobil dinamitó la Perestroika de Gorbachov y aceleró la desintegración de la URSS, poniendo fin a 40 años de Guerra Fría. 

Hoy, viendo la serie, he rescatado del olvido la imagen, en aquel verano de 1990, de aquellos niños, blanquitos y pálidos, jugando en la playa cubana del campamento de Tarará, víctimas inocentes de la incompetencia y las mentiras propagandísticas de un régimen totalitario. Solo la verdad nos hace libres. Y ninguna causa por justa y noble que sea, merece la mortífera radioactividad de la propaganda y la mentira. 

Madrid, 6 junio 2019

domingo, 2 de junio de 2019

El pan nuestro de cada día

Por Lehdía Mohamed Dafa

No hace mucho descubrí una receta de pan casero muy sencilla, la probé y me encantó. Se hace prácticamente sin amasar.  He decidido enviársela a mi hermana pequeña, porque, cada vez que la hago, como hoy, pienso en el esfuerzo agotador que ella tiene que hacer para, eso sí, lograr el mejor pan casero del mundo.


Como en la mayoría de las gastronomías árabes, en la saharaui el pan forma parte de muchos menús desde tiempos inmemoriales. Nuestros antepasados hicieron pan a base de harina de trigo o cebada, con o sin levadura y sal. Lo cocían encima de una piedra caliente, en una bandeja, “sajana", o en tierra previamente calentada con brasas de leña o carbón. Se comía para desayunar, mojándolo con el té azucarado, o untado de mantequilla o manteca. También era plato principal, como la “emraifisa”, que se hace con pan de tierra sin levadura, troceado, cubriéndolo de abundante caldo de un buen quiso de carne, se deja reposar un rato, y se consume con la carne por encima.



He leído que la Revolución Francesa impuso un “pan igualitario” para todas las clases. Antes, el pan blanco era exclusivo de los nobles y ricos, y el marrón y oscuro era la dieta de los pobres. La “revolución saharaui” popularizó el consumo de pan. Recién instalados en los campamentos de Tinduf, fuimos recibidos con una canasta básica rebosante de alimentos energéticos, donde lo más abundante era la harina de cebada. Así, durante años, nos podía faltar de todo, menos el pan.

Las mujeres tuvieron que aprender a cocinar lentejas, garbanzos y alubias, productos antes nunca vistos ni consumidos por la gran mayoría de los saharauis, y pronto encontraron nuevas formas de cocer el pan contando con harina, levadura seca, sal y agua. Recuerdo que uno de los primeros métodos de cocerlo fueron los hornos de leña. Si, hornos de leña en pleno desierto. En nuestro campamento, el Aaiún, todo el mundo empezó a construir pequeños hornos de adobe. Hornos que calentábamos con arbustos y troncos secos de pequeñas plantas, que recolectábamos a las afueras del campamento. Los hornos de leña tenían la ventaja de que permitían hacer a la vez gran cantidad de pan, del tamaño de las familias extensas y muy numerosas que éramos.

Dicen los árabes que el pan es como el útero de una mujer. Pan y útero a partir de una semilla pequeña van creciendo hasta transformarse en vida.  Y la vida durante aquellos primeros años en los campamentos, también crecía en una continua lucha por la supervivencia de cada uno de nosotros y como pueblo. Muchos días, cuando no había otra cosa que comer, nuestras madres que siempre tenían una solución para todo, te decían, te voy a hacer una “maría tonta”, no sé de dónde sacaron aquel nombre. Era un plato muy simple, cuyos ingredientes no eran más que pan troceado, rociado con aceite, agua y azúcar.

Años más tarde, y a medida que nos fuimos familiarizando con el uso de las cocinas de gas que suministran los argelinos, fuimos prescindiendo de los costosos hornos de leña. Se empezaron a usar unas bandejas de hierro o aluminio llamadas “farrah”. El resultado era un pan redondo, que, aunque grande, muchas veces había que hacer hasta dos y tres tandas de “ jubzat farrah” pan para satisfacer las necesidades de toda la familia, en un proceso que duraba varias horas. Del “farrah” pasamos al pan del “marjan”. El “marjan” es un puchero alto de hierro forjado que habitualmente se usa para los guisos y el cuscús. El pan que se hacía en el “marjan” eran pequeñas barras ovaladas, que según el tamaño que le dabas, se podían cocer de dos en dos o de tres en tres. El pan se cocía con el calor por debajo y la humedad por arriba, porque el marjan se cubre con un paño, y así raramente el pan se quemaba. Solo tenía un inconveniente, era difícil no acabar quemándote tú la mano al meterla en el “marjan” para darle la vuelta. Así que, durante aquellos años, era habitual ver a muchas mujeres con la parte interna del antebrazo surcada por una o varias marcas de aquellas quemaduras.

Recuerdo también cómo una de mis tías, que presumía de saber muchas cosas del “islam verdadero”, decía que Allah, que mencionó la palabra pan sólo en una ocasión en todo el Corán, le dio una simbología especial al pan en los sueños de una mujer. Decía que si sueñas que repartes pan entre allegados y vecinos, tendrás riquezas abundantes. Si sueñas que tu esposo está comiendo el pan que has hecho, tu marido te guardará amor y fidelidad eternos. Si sueñas que estás haciendo caridad dando pan, tendrás muchos hijos y nietos que te querrán y obedecerán siempre. Y si sueñas con pan caliente tu primogénito será un hijo varón; y si es pan frío podrido o viejo, reza mucho y cuídate porque te asediaran las enfermedades, la envidia y la mala suerte.

Durante años, la mala suerte de verdad se cebaba con los hombres que estaban en el frente, con nuestros combatientes, que también tenían que hacer su propio pan por lo general rudimentario y frío según me cuenta mi padre. En los campamentos, mientras, se iban imponiendo por norma los menús igualitarios para todas las familias. No se podía consumir pan diariamente, también había que comer cuscús, arroz y pasta. Una pesadilla que afortunadamente duró poco. De repente, una nueva forma de cocer el pan irrumpió en escena. Era el pan cocido en cazuela. Dicen que la culpa la tuvieron las jóvenes saharauis que estudiaban entonces en Libia. Entre que Gadafi les daba buenas becas, con abundante dinero de bolsillo, y que veían demasiadas telenovelas egipcias, las estudiantes saharauis de Libia, regresaban a los campamentos cada verano con todo tipo de artilugios, entre ellos las famosas cazuelas. El pan que se hacía en las cazuelas era lo más parecido a un tierno bizcocho. Pero, las cazuelas eran un bien escaso y además costaba mucho trabajo darle la vuelta al pan.  Así que, aquella moda desapareció rápidamente y no quedó más remedio que volver al pan del “marjan” primero y más tarde al “farrah”, que poco a poco va cediendo paso a los hornos eléctricos y de gas, cada vez más populares en los hogares saharauis. Los métodos tradicionales empiezan a formar parte del pasado, o en el mejor de los casos se han convertido en un producto de delicatessen, un lujo al alcance de pocos.

Y mientras “el pan desnudo”, como lo inmortalizó Mohamed Chukri, levantó a Siria en 1940, a Egipto en 1977, a Túnez en 1984 y a todo el mundo árabe en 2011, y sigue simbolizando la lucha por lo más básico de la vida, los saharauis poco a poco están dejando de hacer pan…. Van aceptado con resignación, el pan industrial argelino o marroquí, según donde viven.



A la espera de ver qué tal le habrá salido el pan a mi hermana con la receta fácil y deliciosa del principio, puedo decir con orgullo que del mío mi familia no ha dejado ni migajas.




domingo, 12 de mayo de 2019

Bienvenida la preciosa niña que hoy tendrá nombre, mi nueva sobrina

Por Lehdía Mohamed Dafa


Hoy los Dafa están reunidos en una gran fiesta, cumpliendo una tradición saharaui y musulmana. La familia sigue creciendo, macha Allah.

Según el islam, al recién nacido se le pone nombre a los siete días de haber sido alumbrado. El nombre se elige, preferentemente, de acuerdo a lo que alguien cercano haya soñado, y sino, lo que la familia decida. Al recién nacido hay que darle la bienvenida a la vida con el sacrificio de algún animal a la semana de su nacimiento. En primer lugar, es un gesto de gratitud hacia Allah por regalar una nueva vida a la familia. Y, en segundo lugar, para darle suerte y protegerle contra todo mal el resto de sus días. Además, el islam exige a los padres que el nombre elegido sea decente y bonito, para que el niño o niña, de adulto, no pueda avergonzarse de llevarlo.


En la cultura saharaui, que en general es de pocos rituales, la fiesta de poner nombre al recién nacido se llama “lasm”. Empieza el séptimo día después del nacimiento temprano con la llegada de los invitados que suelen ser familiares, amigos y vecinos. Al tiempo que los hombres se encargan de matar uno, dos o tres corderos, cabras y hasta un camello, según las posibilidades, las mujeres, portadoras de todo tipo de regalos, para la madre y el bebé, se reúnen alrededor de la madre y se ocupan con la ceremonia de ponerle nombre al recién nacido. Tradicionalmente, los padres o alguno de los abuelos eligen tres nombres, por lo general entre los nombres de tíos maternos o paternos, o de amigos queridos o personalidades ilustres ya sea del clan o de personajes históricos del islam. Sin que la madre lo vea, una comitiva de tres o cuatro mujeres, asignan a cada uno de los nombres elegidos una rama verde, o palos de diferentes características. El resto actúan como testigos. Las ramas se entregan a la madre que había permanecido con los ojos tapados o de espaldas a la comitiva y los testigos. En un cuenco de leche, por lo general de kéfir de cabra o camella, diluido con agua azucarada, la madre sumerge las tres ramas y con ellas ejecuta varios movimientos circulares alrededor de la cabeza. Con los ojos abiertos y con sus mejores deseos, al azar elige una de las tres ramas. Por fin, el recién nacido, en este caso una preciosa niña, cuya identidad llevaba una semana en el limbo, ya no será sólo el niño o la niña. Las mujeres, que conocen el nombre asociado a cada rama, proclaman en voz alta el nombre elegido, acompañándose de vítores y cánticos alegres. El pariente o persona cuyo nombre ha sido el elegido será una especie de padrino del recién nacido, y tendrá que hacerle un regalo, no importa qué ni cuándo. No hacerlo, es una deuda que se puede convertir en un pesar que se arrastra para siempre. 

Afortunadamente hoy cualquier niño nacido en los campamentos tiene su fiesta de “lasm” donde abunda la carne y otros suculentos platos y toda clase de bebidas. Pero hace tan sólo unos años atrás, cuando la mayoría de los hombres estaban en la guerra o vigilantes, y en los campamentos sólo había mujeres y un enjambre de niños, muchas fiestas de “lasm” se celebraron sin cordero ni cabras y mucho menos camellos. La escasez y la precariedad lo dominaban todo, a pesar de lo cual las mujeres se las ingeniaban y el bacalao seco y maloliente, que se repartía como ayuda humanitaria, lo transformaban mágicamente en verdaderas delicatesen. Entre bendiciones y cánticos a Allah, durante décadas, el bacalao fue el único menú de la bienvenida a toda una generación, que por eso acabó llamándose “los hijos del bacalao”

Mi sobrina ya tiene un hermoso nombre, en su fiesta de “lasm”, que ahora mismo transcurre tranquila y con pocos comensales. Estamos en el Ramadán, y muchos ayunantes se tienen que conformar con saludar, felicitar a los padres, y esperar hasta la noche que es cuando se les servirá el cordero como cena.
La joven madre y su hija empiezan la cuarentena. Un periodo de reclusión y descanso para ambas. Las visitas, el trabajo doméstico y el contacto con el exterior en general se restringirán al máximo. Un periodo para proteger a ambas de tantos males como suponemos acechan, sobre todo, aquellos que pueden ser infligidos por la maldad humana como el mal de ojo y la brujería, tan presentes en el imaginario popular saharaui en la actualidad. Una vez finalizada la cuarentena, la madre ya puede exhibir al bebé sin miedo. Se pone sus mejores galas y recibe un pequeño homenaje por parte de amigas o hermanas. Suele ser íntimo, y también con abundante y buena comida. 

Madrid, 12 mayo de 2019

miércoles, 17 de abril de 2019

كوكب الزهرة و حصار الذباب الالكتروني

أثاراجتماع للمرأة الصحراوية الشابة منظم من طرف رابطة الطلاب والشباب الصحراويين في الدولة الإسبانية، كان من المنظر انعقاده في أواخر الشهر الجاري، ردود فعل عنيفة في أوساط العديد من قطاعات المجتمع الصحراوي.
كما هو الحال في كل مرة يقال فيها شيىئا يخالف الأساطير والخطاب الرسمي الممل حول المرأة الصحراوية، خرج حشد غفير من “الذباب الإلكتروني” مسلح بحجج مليئة بالغضب وكراهية النساء، ولكن خالية من الموضوعية والعقلانية.
هذه المرة ، كان هدف الهجمات هو شعار هذا الملتقى. صورة الملصق ثلاث نساء ، واحدة منهن لا ترتدي الملحفة!. لكن ما أدى بالفعل إلى حالة الجنون التي إصابت الذباب الإلكتروني، هو الصليب الذي يشكل جزء من شعار هذا الحدث. هذا الرمز المتكون من دائرة في الأعلى وصليب في الأسفل، معروف عالمياً انه يعتبر رمز للجنس الأنثوي عموما
 
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لكن وانطلاقا من جهل عميق لا يخلو من الكبرياء والغباء ظل هذا الذباب يكرر ويؤكد ان هذا الصليب هو تمثيل للمسيحية، وأن وضعه في شعار الملتقى هو قمة
التشبه بالغرب ودليل على الانسلاخ عن التقاليد والاعراف الصحراوي وهي قضية تعاني منها المرأة الصحراوية في الخارج على حد زعمهم . هذه المرأة التي لم تعد تحترم الهوية الصحراوية ، حسب ما يقول الكثيرون و الأخطر من ذلك ، هو عدم احترامها للعقيدة والدين الإسلامي الممارس من كافة المجتمع الصحراوي.
على الرغم من محاولات العديد من النساء وبعض الرجال لشرح أن الدائرة مع الصليب المقلوب رمز تم استخدامه قبل ان تظهر المسيحية كدين، وأنه يعود تاريخها إلى الحضارة الفرعونية القديمة، حيث كان يعرف، “بمفتاح الحياة “أو الصليب المصري “؛ أنه أيضا رمز معروف في العديد من مناطق إفريقيا ، حيث تصنع” دمى الخصوبة “اشانتي” تماما على شكل هذا الرمز، و بالإضافة إلى ذلك هو تمثيل الرمز الفلكي لكوكب الزهرة، هو الرمز الكيميائي لمعدن النحاس ، وهو رمز الجنس الأنثوي وبامتداد اصبح رمزا للحركة النسوية.
حسنا، رغم كل هذا ، لم نجد طريقة لاقناع الذباب الإلكتروني للتوقف عن تلك السذاجة والجهل.
مثل هذه الإشكاليات يجبر العديد من الشابات الصحراويات في الإصرار مرارا وتكرارا على ضرورة التنوع الثقافي لدى المجتمع الصحراوي كما هو الحال في باقي مجتمعات العالم، وبالتالي لا يمكن ان نتسامح مع الاتهام بالباطل و وصم النساء اللواتي لا يرتدين الملحفة و تهديدهن باسقاط جنسيتهن و مكانتهم كصحراويات.
هناك من ما زالوا مهووسين بأجسادنا وحجبها بأية طريقة ، ويربطون ذلك بالإيمان الصالح و شرف العائلة و التقاليد. هذا ليس الا هذيان من التعصب والجهل.
في نهاية المطاف، رابطة الطلاب والشباب الصحراويين في الدولة الإسبانية لم تعد قادرة على تحمل هذا العبء من النقد والرقابة وأصدرت بيانا أعلنت فيه عن نيتها لتصحيح “شعار الفتنة” كما سماه البعض، وإصلاح الأضرار.
الرابطة تجادل الآن بأن أهم شييء بالنسبة لهم هو إظهار استعدادهم لخدمة القضية والهوية الوطنية. هنا، لا يمكننا أن ننسى أن هذه المنظمة كغيرها من ما يزيد عن خمس وسبعين منظمة مسجلة رسميا ما بين المخيمات والأراضي المحتلة والشتات، تشكل النسيج المدني لجبهة البوليساريو، التي تسعى لتأطير المجتمع بأكمله اخضاعه لسيطرتها. و ان لم تتخلى هذه المنظمات عن صفتها كمجرد ادات في يد النظام يعمل بها ما يشاء و تتمكن من القدرة على النصال بحرية و استقلالية من اجل اهتمامات وتطلعات فئات المجتمع المدني التي تمثلها، سنبقى عبارة عن شعب مقيد الى الأبد. الاستسلام للهجمات والترهيب والابتزاز والتسمم الإعلامي المنتشر من طرف جيوش “الذباب الإلكتروني” التي تقوم بدوريات مراقبة في شبكات التواصل الاجتماعي وعن طريق بعض وسائل الاعلام التي تدعي إنها مستقلة وتقدمية، هو استسلام في تطلعاتنا نحو الحرية والتعددية.
اليوم اكثر من أي وقت مضى، نحتاج إلى أكسجين الفكر والكلمة الحرة ، نحتاج أن نتعلم مسيرة التسامح والاحترام أما الباقي ستفعله قواعد الديموقراطية لضمان مستقبلنا كشعب وكأمة
 
لهدية محمد دافة
مدريد ، 8 أبريل2019

lunes, 8 de abril de 2019

Venus asediada por las “moscas electrónicas”


Por Lehdía Mohamed Dafa

Un encuentro de jóvenes mujeres saharauis, a finales de abril, organizado por la Liga de Estudiantes y Jóvenes Saharauis en el Estado Español, (LEJSEE) ha suscitado violentas reacciones en amplios sectores de la comunidad saharaui.


Como viene ocurriendo cada vez que lo que se dice se sale del guión oficial y cansino de la mitología en torno a la mujer saharaui, una legión de “moscas electrónicas”(1) salen a zumbar con argumentos cargados de ira y misoginia, pero ayunos de razón. Esta vez, el centro de la diana de los ataques ha sido el logo del evento. La imagen del cartel son tres mujeres una de las cuales, ¡oh blasfemia! no lleva melhfa. Pero lo que ya ha desquiciado completamente a los moscardones ha sido la cruz que “colgando” de un circulo, representa un símbolo feminista y que también lo es del sexo femenino en general. Desde una profunda ignorancia, no exenta de soberbia, una y otra vez se reafirman en un coro de zumbidos que la cruz (símbolo del sexo femenino) es una representación del cristianismo, y que esto es el colmo de la occidentalización en el que se encuentran sumidas las mujeres saharauis en el extranjero, que ya no respetan ni la identidad saharaui, ni lo que es mas grave, su fe en el Islam. Y eso, a pesar de que muchas mujeres y algunos hombres han intentado explicarles, en vano, que el círculo con una cruz invertida debajo es anterior al cristianismo, que data de las antiguas civilizaciones faraónicas, denominándose “cruz ansada”,"llave de la vida" o "cruz egipcia"; que también, en muchas regiones de África aparecen las muñecas “ashantis” de la fertilidad, que tienen esta forma de cruz; y que además, es la representación del símbolo astrológico de Venus, el símbolo alquímico del cobre, y es el símbolo del sexo femenino y por extensión del feminismo. ¡Pues no ha habido manera!


Muchas jóvenes saharauis se están viendo obligadas a insistir una y otra vez en la necesaria y conveniente diversidad que debe tener la sociedad saharaui, como cualquier otra, y que por ello, no se puede tolerar el dedo acusador y la estigmatización de las mujeres sin melhfa, a las que ademas se juzga, con el mayor descaro, que han perdido hasta su condición de saharauis. Siguen obsesionados con nuestros cuerpos y su veladura, asociando esta al buen creyente, al honor familiar o a la tradición. Es el delirio de la intolerancia y la ignorancia.

La Liga de Estudiantes y Jóvenes Saharauis en el Estado Español no ha podido soportar el peso de las críticas y la censura, y ha emitido un comunicado donde anuncia su intención de rectificar el logo de la discordia, intentado así reparar el daño causado. Alegan que lo mas importante para ellos es mostrar su disposición al servicio de la causa nacional. Llegados a este punto, no podemos olvidar que esta organización, al igual que las más de 75 registradas en los campamentos, los territorios ocupados y la diáspora, forman el entramado civil del Frente Polisario, que trata de encuadrar nada menos que a toda una sociedad bajo su férula. Mientras las distintas organizaciones no dejen de ser meros satélites del Frente para trabajar con libertad y autonomía por los ideales de una vida mejor de cada uno de los sectores que representan, seguiremos siendo un pueblo subyugado.

Ceder ante los ataques, la intimidación, el chantaje y la intoxicación de estos ejércitos de “moscas electrónicas” que patrullan las redes sociales y controlan algunos medios que presumen de independencia y progresismo, es claudicar en las aspiraciones de libertad y pluralidad. Necesitamos el oxígeno del pensamiento y la palabra libre, necesitamos aprender el andar de la tolerancia y el respeto, y las normas y la democracia harán el resto para asegurarnos un futuro como pueblo y como nación. 

(1) Denominación acuñada en las redes sociales del mundo árabe, que se popularizó durante la crisis de Qatar, para describir el rol de los oficialistas e intolerantes, que bajo  perfiles anónimos siempre están al ataque ante cualquier idea o pensamiento crítico.

Madrid, 8 de abril de 2019