jueves, 17 de diciembre de 2015

"Enmienda a la totalidad" de Hach Ahmed al inicio del XIV Congreso del F. Polisario


Pasajes de una carta al liderazgo en vísperas del XIV Congreso

En más de una ocasión  manifesté, como responsable para América Latina,  mi desacuerdo con la  pésima gestión  de nuestra política exterior…. En concreto, no me pareció correcto que suframos reveses tan importantes como son la suspensión  de nuestras relaciones diplomáticas con varias naciones de ese continente y no  hayamos hecho la debida evaluación  para  recuperar el terreno perdido o, al menos, frenar el retroceso.  En este sentido, reitere mi disconformidad con la política basada en la preeminencia del criterio tribal  sobre las competencias y  hojas de servicio a la hora de designar a  representantes y embajadores. Sigo pensando que ese es nuestro principal talón de “Aquiles” en la batalla diplomática.

  Hach Ahmed

Con anterioridad  choques y contradicciones  similares tuvieron lugar con otro “icono” del poder, en este caso por la gestión de las ayudas humanitarias  y proyectos de cooperación. En ambas ocasiones las divergencias se  resolvieron por  vía  expedita, excluyendo  y  desterrando  al problemático protagonista de tales impertinencias.
 Es evidente  que en nuestro actual sistema  las reminiscencias de su pasado totalitario e intolerante siguen presentes en todo  juicio o valoración de las  conductas individuales.  Así pues,  a muchos dirigentes les resulta más fácil aislar y perseguir que sumar y cohesionar ideas y voluntades. Lo paradójico es que la acción punitiva no es  por cuestiones de fondo como por ejemplo casos de  corrupción, mal manejo de fondos o  ayudas humanitarias, de bienes públicos, nepotismo,  deslealtad o conspiración con el enemigo… Esas no son faltas graves, la que si lo es, es censurar la gestión de algún  “ilustre”  del poder   por  su incompetencia o su escasa transparencia y credibilidad… Creíamos que con el tiempo íbamos a proveernos  de un sistema político mínimamente decente, pero  prácticas abusivas al estilo “majzeniano”,  actitudes arrogantes y torpes de algunos “jerarcas” al recibir críticas u opiniones adversas demuestra cuán  patético  es el talante democrático  y bagaje político y cultural de quienes nos gobiernan desde hace cuarenta años.
Hoy nadie  puede negar que  la componenda tribal es la matriz de muchos de nuestros males. Es ella  la que sustenta el régimen político y donde  radica  su órgano vital de legitimidad y supervivencia. Por eso algunos de nuestros mandatarios, los que encarnan la representatividad tribal en la pirámide del poder son vitalicios, intachables e incensurables. En el fuero interno de muchos de ellos, más que en el subconsciente,  la credencial “social” es  superior a la trayectoria y los méritos personales. Según sus esquemas mentales el valor real del individuo, con independencia de su valía o sus aportaciones a la causa, es el que proporciona la  magnitud de su entorno tribal, como si viviéramos en una comunidad primitiva  o de cazadores. Esta es la amarga y triste realidad, más allá de las apariencias o el modelo fantástico y ficticio que retratamos en nuestro discurso al exterior.
A tan solo unas  horas  del comienzo del XIV Congreso, es pertinente preguntarse si esta vez, en lugar de corrientes de opinión políticas o ideológicas, serán de nuevo las intrigas  y pactos tribales lo que pesara  en los debates, especialmente en cuestiones claves  como  la elección de la dirección política del movimiento o la sucesión en la más alta magistratura en caso de imponerse la voluntad de retiro del actual Presidente.
Ciertamente es una coyuntura compleja, no solo por los desafíos derivados del enfrentamiento con Marruecos, sino por  el cumulo de errores de nuestra dirección política  en estas cuatro décadas. Dicha complejidad exige, desde la serenidad y la cordura, combinar  políticas claras  y voluntades sinceras en pro del cambio, propuestas de transformación que regeneren la confianza en el proyecto nacional, que consoliden las instituciones,  inculquen los valores de la ciudadanía, prioricen el interés nacional y que verdaderamente marquen un antes y un después en la historia del pueblo saharaui.  Para empezar los dirigentes actuales y los que vayan a ser electos están emplazados a  rectificar  desviaciones estratégicas graves en el terreno ideológico como la relación simbiótica, de mutua dependencia, con el tribalismo.
 Es irracional que en pleno siglo XX,  el movimiento saharaui, en sus orígenes progresista, revolucionario y moderno termine cediendo espacios y protagonismo a un modelo social arcaico al extremo de  viciar el “proyecto nacional” y  dejarlo exhausto, en estado crítico de decadencia moral e ideológica. Más que un error  es una “herejía”  imperdonable, en términos políticos e ideológicos,  cuyo  culpable, por acción u omisión, por  oportunismo o negligencia, es única y exclusivamente la dirección política, toda ella en su conjunto, sin excepción alguna. Qué mal o perversión padecemos hoy que no tenga sus raíces en el tribalismo? Desde el caos y parálisis de las instituciones  hasta el descredito de la dirección nacional, pasando por el tráfico, el contrabando, la corrupción, el manejo impropio de las ayudas,  las fortunas mal habidas, la impunidad, la inseguridad…, nada de esto se podrá erradicar mientras no se neutralice esa “hidra” llamada tribalismo, lo que, a estas alturas, es impensable sin refundar el Polisario  y abrir paso a otra generación de líderes no contaminados, capaz de corregir la deriva y reconducir el proceso de liberación nacional
No sean ingenuos, ni dejen que los intereses egoístas os obcequen. Con el tribalismo aunque lo “vistamos de oro”,  nunca se va a liberar la  patria, ni se va a construir una sociedad moderna, tolerante y civilizada; por esa vía nunca  prosperaron pueblos y naciones y si lo consiguieron fueron hechos efímeros y con desenlaces trágicos. Lo describió muy bien hace siete siglos el historiador Ibn Jaldun y lo volvieron a ratificar los acontecimientos del siglo XXI. Es más, proclamar entidades independientes en  condiciones marcadas por el atraso social, cultural y político, a veces, equivale a sembrar semillas para estados fallidos, guerras fratricidas, matanzas y  genocidios como vemos hoy en numerosos países africanos y árabes, incluidos los que se disfrazaron de “ revolucionarios” y “progresistas”  o descubrieron la llamada “Tercera Teoría Universal”.
La responsabilidad histórica  de  la Dirección Política, actual y futura, es mayúscula en la conducción de  este proceso de reflexión y discusiones el cual, por la gravedad del contexto y  sus  retos representa una oportunidad histórica  irrepetible si se tiene la voluntad de conjurar el peligro  antes  de entrar en una espiral de fatalidades.
En lo personal, y en espera de que soplen nuevos vientos, seguiré siendo uno más de los que prefieren contribuir desde la crítica en lugar de aspirar a algún cupo de las “cartas astrales” del sistema, entre otras razones, porque  “ma yaibitni legzana”,  o lo que lo mismo, “no pinto nada” como dijo  un  gurú del fundamentalismo tribal  y destacado “pensador”  del Polisario  de cuyo nombre no quiero acordarme, como decía el Quijote.

Hach Ahmed
Congresista ausente

 Publicada en "Futuro Saharaui"

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