domingo, 2 de abril de 2017

“Influenciado por Occidente”, una acusación que funciona. Y seis lecciones que debemos aprender de Occidente

Asria Mohamed Taleb


Por desgracia, y con bastante frecuencia, cada vez que se abre el debate sobre algún tema sensible o negativo de nuestra sociedad o simplemente cuando alguien se atreve a expresar una opinión distinta a la opinión predominante, inmediatamente es acusado de que está influenciado por la cultura occidental. Esta acusación es utilizada muy a menudo especialmente en los debates en las redes sociales sea cual sea el tema del que se trate.

En primer lugar, cuando acusamos a alguien de que está influenciado por Occidente, estamos subestimando su capacidad intelectual para construir una opinión propia, crítica e independiente, mostrando, por tanto, un menosprecio, que a Occidente ni le va ni le viene

En segundo lugar, y con independencia de nuestro lugar de residencia, cada uno de nosotros tiene capacidad para crear su propia opinión sobre la base de sus experiencias, vivencias personales y su interacción con el mundo que le rodea ya sea Occidente u Oriente.

Obviamente, las diferencias en cuanto a nuestras experiencias personales, por un lado, y la influencia del medio, produce inevitablemente diferencias en la formación de la personalidad de cada uno generando distintos puntos de vista y opiniones. Tenemos que analizar esta cuestión por la intolerancia y radicalismo que estamos viendo cada vez que se intenta dialogar sobre el tema que sea. Debemos aprender y enseñar a las generaciones venideras que las diferencias de opinión son lo lógico, lo normal y lo sano, y sobre todo debemos aprender, que por muy diferente que opinemos, por encima de todo debe prevalecer el respeto hacia el otro que opina distinto.

En nuestra sociedad, cuando se le acusa a alguien de que está influenciado por Occidente, automáticamente se está dudando de su personalidad y de sus valores morales. Cuando acusamos a alguien que está influenciado por Occidente, de forma indirecta, le estamos menospreciando, y desdeñando o vilipendiando su personalidad. “Cualquier viento le arrastra” (como dicen los saharauis)

Ahora bien, como alguien que vive en Occidente y que veo a diario cómo muchos compatriotas presentan la excusa de la influencia de Occidente como argumento en infinidad de debates, me gustaría responderles partiendo de mi experiencia personal.
Para empezar la pregunta que deberíamos plantearnos es: ¿qué es realmente Occidente en nuestro imaginario? ¿Es Occidente tan malo hasta el punto de que nadie quiera imitarlo? ¿Es Occidente retrógrado y salvaje hasta el punto de que nadie desea parecerse a él? ¿Es Occidente un mundo inmoral y de vicios hasta el punto que no es posible vivir entre sus gentes? ¿Es Occidente ateo y carente de religiosidad hasta el punto de que tenemos que andar con un Corán al cuello como amuleto para que no nos obliguen a rezar en las iglesias en cualquier momento? ¿Es Occidente tan secular hasta el punto de que no hay lugar para los creyentes en él? ¿Es Occidente tan racista que no hay lugar para los negros en él? Antes de viajar a Europa yo pensaba como muchos que nos imaginábamos a Occidente como una selva de vicios sin ningún tipo de orden, una comunidad sin valores morales, ni religiosos, ni sociales. Había oído muchos tópicos y frases sobre los nasara (occidentales) como por ejemplo: “los occidentales son sucios” y así me los imaginaba desnudos, sin sólidas relaciones sociales como las nuestras. También, con esa frase que engloba otro sentido moral, me los había imaginado como gente que no tiene ningún respeto hacia la tradición del matrimonio y todos pueden tener relaciones con cualquiera y de cualquier manera. Otra frase que había oído infinidad de veces era: “los occidentales son una panda de ignorantes, que no saben ni donde están parados” y me los imaginaba como gente que no sabe ni siquiera leer ni escribir, y que si no fuera por los sabios de Oriente Europa no existiría.
Nuestro avión aterrizó un día en el suelo del Occidente ateo y corrompido, como suelen decir muchos, y ¿cuál ha sido mi sorpresa?. Pues es como si mi avión hubiera aterrizado en otro planeta entre cuyos habitantes y nosotros hubiese transcurrido un siglo. No he visto a nadie tirar la basura al suelo, nadie levanta la voz en el autobús, nadie se cuela. Aún así me negaba a darle las gracias a Occidente, porque nosotros somos mejores y esto es lo que había dicho nuestro profesor de la sharia cuando yo cursaba el bachiller, a pesar de que él no había pisado nunca Occidente. A los pocos días de nuestra llegada a la residencia (estudiantil) nos llevaron a un lugar pequeño y muy bonito, aislado y rodeado de árboles, y nos dijeron que lo podemos usar para la oración y lectura del Corán. Estaba sorprendida y contenta, pero también con vergüenza ajena por todo el respeto que el Occidente infiel nos estaba dando, ya que durante mis estudios en un país musulmán no teníamos un lugar ni siquiera para rezar.  Llegó el Ramadán y nadie nos incordió, ni cuestionó, el por qué ayunamos, ni nuestra forma de vestir o rezar, todo lo contrario, todos independientemente de sus religiones, cristianos, judíos, budistas y hasta los ateos nos han felicitado por la llegada del Ramadán. Aquellos que han preguntado lo han hecho con respeto y cautela cuidando siempre no herir nuestra sensibilidad y no ofender nuestras creencias, y si han opinado diferente lo hacen con argumentos objetivos y profesionales. A partir de entonces, empecé a intentar verles simplemente como personas de otro color distinto al nuestro, nasara de “piel roja”, de distintas creencias, y no sólo como “el Occidente infiel” “ellos con su religión y yo con la mía”, porque al fin y al cabo el Islam insta a la convivencia respetando las creencias religiosas de los demás.

Llegó el día del Id (fiesta del final del Ramadán), y mi sorpresa fue todavía mayor. Uno de los profesores y su esposa Bárbara, cristiana practicante, habían sufragado todos los gastos de la fiesta de su propio bolsillo. Ella cocinó los platos mas deliciosos, que nos suelen gustar a los musulmanes. ¿Tomamos la obra de Bárbara como el acto de buena fe de una buena cristiana que respeta la religión de los demás o como un acto de alguien, con una agenda oculta, que con fines proselitistas intenta destruir nuestra fe musulmana?  No, Bárbara es una africana, que había trabajado durante muchos años en la enseñanza y está acostumbrada a tratar a todos con respeto independientemente de su credo, raza o lugar de procedencia.

Durante las noches del Ramadán hacíamos té saharaui al que invitábamos a estudiantes de diferentes nacionalidades y religiones, y les explicábamos lo que era el Ramadán y el Islam, para así desmontar los tópicos que muchos de ellos también tenían sobre nosotros como musulmanes como los tenemos nosotros sobre ellos como occidentales.

Nuestro centro dispone también de piscina, a la cual se puede acudir cualquier día salvo los miércoles que permanece reservada exclusivamente para las estudiantes musulmanas. Ningún estudiante ni trabajador se había opuesto a esta decisión, porque una de las características de muchos occidentales es que respetan y aceptan las opiniones y las religiones de los otros, aunque estén en contra al 100%. Esta es la primer lección que debemos aprender de Occidente, y obviamente excluyo a los racistas y xenófobos que los hay.

Otro de los mitos que también oímos sobre Occidente es que carecían de relaciones y vínculos sociales solventes y que abandonan a sus mayores en los hogares y residencias de ancianos, sin saber que precisamente son muchas las personas mayores las que prefieren estar en estos lugares por la profesionalidad y calidad  de los cuidados que allí reciben. La mayoría de las familias que conozco tienen unos vínculos familiares muy fuertes, exactamente igual que nuestra sociedad. Se interesan y se cuidan los unos a los otros como lo hacemos nosotros. Aquí en Noruega, los jóvenes prefieren independizarse nada más empezar la universidad, no porque no quieren a sus padres o porque le han echado de casa como solemos pensar, y calificar de faltos de compasión, sino porque los jóvenes aprenden a ser independientes y adquieren el sentido de la responsabilidad desde muy pequeños. Mientras que en nuestra sociedad los encuentras rozando los cuarenta y ni siquiera sabe freír un huevo.

La segunda lección, es la independencia y la igualdad entre los hombres y las mujeres en la vida en general y en los quehaceres diarios. Tampoco es cierto que los nasara  son gente entregada al vicio sin control ni freno ninguno. Son como nosotros, los hay virtuosos y los hay viciosos. Si no tienes miedo a Alah ni a la sociedad cuando acosas a una joven paisana en la calle, intenta acosar a una europea aquí…. Tropezarás primero con el peso de la ley que protege a las mujeres. Esto no quiere decir que sean sociedades libres del acoso sexual, pero las cifras son ínfimas. Y al menos las mujeres no tienen miedo “al que dirán” cuando tienen que poner una denuncia contra un acosador. Mientras en nuestras sociedades musulmanas las mujeres no se atreven a denunciar el acoso y otros comportamientos similares de algunos hombres por miedo a los juicios morales que suelen convertirlas de víctima en culpables. “Que se fastidie”, como dicen en nuestra cultura, “¿qué hacías a esa hora en la calle para que te acosen o te violen?”, Así las cifras de acoso y violaciones permanecen ocultas y silenciadas, como si no existiesen, simplemente porque nadie se atreve a hablar de ellas. Entonces ¿de qué podemos presumir si sabemos que lo que esta oculto es todavía mucho peor?

La tercera lección, de Occidente tenemos que aprender a ser honestos y valientes a la hora de debatir fenómenos negativos en nuestra sociedad como éste. Que nuestras mujeres aprendan a no tener miedo

Muchas veces vemos a gran parte de nuestros intelectuales escribir, “fulana o fulano viste igual que los nasara”. Sin embargo, en mi opinión, Occidente, si no incluimos a los partidos políticos extremistas que combaten el uso del velo y demás símbolos musulmanes, es mucho más compasivo y misericordioso que nosotros. Es mucho más tolerante con las otras religiones y diferencias de opinión que nosotros; sé que para nosotros es muy difícil admitirlo… Durante mis primeros días aquí me llevé una gran sorpresa al ver a una chica con velo en el ejército noruego. Muchas mujeres musulmanas con velo ocupan altos puestos de responsabilidad en los partidos políticos, y también musulmanas sin velo. ¿Sabéis por qué Occidente tiene más éxito que nosotros? El secreto está en la capacidad de sus ciudadanos de convivir entre ellos, a pesar de las diferentes religiones. En un país pequeño como Noruega hay más de 126 mezquitas y la cifra sigue aumentando. Mezquitas construidas en la tierra de los infieles, y con el apoyo de los mismos infieles ¿Cómo puede ser esto? ¿Cuál sería nuestra reacción si alguno de nuestros huéspedes extranjeros en los campamentos pidiese un rincón para rezar? Todos conocéis cuál sería nuestra reacción, a pesar de que nuestra religión insta a la tolerancia y el respeto al otro. Pero si nosotros no aceptamos ni la opinión diferente de nuestros propios paisanos, ¿cómo vamos a aceptar la de un nasarani, o un budista o quien sea?. El profeta Muhamad dijo: “Quién ama a una comunidad es uno de ella”. Esta claro que cualquier persona está influenciada por su entorno, sea en Occidente o en cualquier otro lugar, pero lo que no es admisible es que juzguemos a cualquiera dando por hecho que sus influencias son siempre negativas, ya que nuestra opinión personal está determinada por juicios preconcebidos y opiniones subjetivas sobre los demás tomando como base la información superficial de su perfil personal en las redes sociales como fotos, etc.

Vivir en Occidente te enseña a ser modesto y humilde. Te encuentras todos los días con dueños de negocios, que tienen grandes sumas de dinero que calzan unas simples deportivas, mientras que el rey de Arabia Saudí tiene de oro hasta la escalera de su avión privado y es quién bombardea a sus primos de sangre y de religión, Sin embargo es la sociedad civil occidental infiel quien les suministra ayuda humanitaria.

Occidente te enseña a ser solidario. Cuando Trump vetó el visado a varios países musulmanes, el Occidente infiel, representado por sectores de la sociedad civil americana salió a la calle y se solidarizó con los musulmanes pasando horas y días manifestándose en los aeropuertos. Miles de manifestantes han dado la bienvenida a los refugiados sirios en todos los países europeos y han presionado a sus gobiernos para abrir las fronteras a las familias que huyen de la guerra ¿Cuándo hemos escuchado algo similar por parte de Arabia Saudi, Kuwait, o Qatar?, ¿Por qué? ¡Aja!, ¡seguro!, los pobres tienen poco dinero…. sino lo habrían hecho.

Lección número cinco. No tiene nada de malo que nos dejemos influenciar por los demás. La influencia no tiene porque ser sólo cosas negativas. Durante mis viajes entre distintas ciudades noruegas y mis reuniones para dar a conocer nuestra causa, me he encontrado con cientos de personas, algunos cristianos, otros judíos, budistas o ateos, la mayoría se quedan atónitos y sorprendidos cuando se les habla de la última colonia en África y se indignan al saber que grandes empresas de sus propios países están expoliando los recursos naturales de nuestra tierra ocupada. Se solidarizan y simpatizan con nosotros sin detenerse a pensar o preguntar qué religión profesamos y al día siguiente preparan la mochila para viajar al territorio ocupado, para romper el muro de silencio informativo sobre la zona. La experiencia, sin embargo, es totalmente distinta cuando me encuentro con algunos árabes. María, una hermana que no me la ha dado mi madre, no cree en ninguna religión, pero participa en cualquier campaña a favor de los musulmanes. Tuna, una estudiante de Derecho noruega ha viajado tres veces para asistir  al juicio de los presos de Gdeim Izik, sin haber preguntado jamás por su religión, porque ha puesto su humanidad por delante de cualquier otra consideración.

Lección número seis. Debemos aprender que la religión es una cuestión personal, la relación de cada uno con su dios. Y nadie tiene el derecho de acusar a los otros de ser ateos o infieles simplemente porque viste de forma diferente o tiene otro tipo de creencias. Lo mejor que se puede hacer es que “cada palo aguante su vela”. Hay muchas más cosas que debemos aprender de Occidente y no debemos avergonzarnos por ello. Aceptar la opinión del otro y aprender una cultura del dialogo construida sobre la base del intercambio de puntos de vista y la libertad de cada parte con respeto hacia el otro, porque muchos de nosotros somos radicales en las opiniones y ese radicalismo llega a los límites de la ofensa, con expresiones intolerables. Demos aceptar las otras cultura, porque nuestra sociedad no siempre tiene razón siempre y nuestras ideas no son siempre las mas acertadas. Por tanto podemos influir y ser influenciados por los demás, y seleccionar entre mejor y lo peor de cada cultura.

Por desgracia, nosotros huimos de nuestros problemas cuando criticamos a Occidente y le echamos la culpa de todos nuestros males. Estamos obsesionados con una teoría de la conspiración, culpamos a Occidente de nuestra pobreza y retraso y olvidamos criticar a nuestros gobernantes. Culpamos a Occidente de nuestras guerras fratricidas y olvidamos a los muftíes que comercializan con ellas por intereses personales, y la lista es larga…. Occidente no es un paraíso, pero queramos o no, ellos son mejores que nosotros en muchos aspectos. Ha llegado el momento, por tanto, de reflexionar sobre nuestra forma de ver las cosas y actuar. Debemos hacerlo de forma honesta y reconocer que estamos en un coma profundo del cual debemos despertar ya.

Traducido del árabe por Lehdía Mohamed Dafa





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