miércoles, 27 de septiembre de 2017

“No insultes nuestra inteligencia”

Cuenta una leyenda “urbana” -o desértica, si lo prefieren-, muy difundida en el mundo árabe, que durante una de las sesiones semanales que se organizaban en un pueblo para ayudar a las mujeres a desempeñar correctamente “su papel natural” o sea, a ser una buena madre, buena esposa, ama de casa, etc, etc…  la cheija (clériga) había elegido como tema del día la poligamia. La cheija explicaba a las mujeres como la poligamia es un derecho natural de los hombres musulmanes legítimo y amparado por la sharia. Les adoctrinaba sobre cómo tratar al esposo y a la segunda mujer. Les animaba a que fuesen ellas mismas las que buscasen una nueva esposa a sus maridos. Una entrega que Allah recompensaría con grandes beneficios para ellas.

Una vez acabado el taller, una de las mujeres se acercó a la cheija y le dijo: me tranquiliza haberte oído. Tenía un secreto que guardaba desde hace mucho tiempo, y ahora, me siento liberada para confesártelo. Llevo años casada con tu marido. En medio del estupor general la cheija cayó al suelo desplomada….


 La poligamia "legal" requiere del consentimiento de la primera esposa. Muchas mujeres se ven obligadas a asumirlo a cambio de no ser divorciadas; otras para "salvar su honor ante la sociedad"; muchas, también, hacen la vista gorda; y las hay que llegan a enterarse despues de muchos años que su marido tiene una o varias esposas de forma, digamos, "clandestina"

Hace unos días se celebró en Abu Dabi el primer Congreso Internacional de la Asociación Mundial de Rehabilitación Psicológica y Social. La psicóloga kuwaití Zahra Mosawi, especialista en rehabilitación familiar, presentó un trabajo que ha tenido un gran eco en los medios árabes y en la comunidad científica. Dicho trabajo es un programa de rehabilitación dirigido a las mujeres con problemas de depresión o histeria (1) consecuencia de la poligamia. El tratamiento consta de cinco fases en las que se exploran las emociones negativas que la poligamia genera, y al final se ofrecen unas pautas conductuales para superar los problemas que sufren.


La mayoría de las mujeres en esta situación padecen el llamado “síndrome de la primera esposa”. La primera esposa se obsesiona por saberlo todo de las demás parejas del marido, y descubrir lo peor de ellas para usarlo en su contra. Una competición insana y enfermiza con celos patológicos, síntoma de inseguridad por la amenaza que percibe sobre lo que considera que es sólo suyo: el marido, el dinero sustento de sus hijos, la casa, etc... Su vida queda atrapada por un complejo de inferioridad, que se retroalimenta de sentimientos como la envidia, que las conduce a la intriga y el maquiavelismo. Y como resultado final, nos encontramos con cuadros de depresión con ansiedad mantenida, que la mujer puede transmitir a su descendencia y su entorno, siendo ello fuente permanente de conflictos y luchas de poder en este singular entorno familiar.

La rehabilitación propuesta por la psicóloga Mosawui empieza por tratar de identificar la causa que ha llevado a su marido a tomar una segunda esposa, lo cual no está exento de culpabilizar a la mujer, y termina con unas pautas dirigidas a fortalecer su autoestima para poder hacer frente a las habladurías y la compasión que suscita. Al final, estas mujeres lograrían adaptarse e integrarse en una realidad “natural” que, según la psicóloga, empezaron viendo como irracional y distorsionada, ya que la poligamia cuenta con la aprobación divina y es algo que se debe aceptar con total normalidad. 

Este enfoque, no exento de cierta eficacia, en primer lugar crea sentimientos de culpa en la mujer y busca a través del arrepentimiento, que según el islam es la clave para la absolución del pecado, la aceptación de una situación de sumisión. Intentando que interioricen, sin nervios, celos o depresión, la “normalidad” de su situación, es tratar de anular en ellas cualquier acto de rebeldía, protesta o rechazo que les permita tomar las riendas de su vida.

La historia del principio acaba así: la cheija después de recuperar el aliento, con la ayuda de las demás mujeres, vio como su interpeladora volvía a acercarse para decirle: sabía que mentías en todo lo que nos has dicho. No conozco a tu esposo, ni estoy casada con él.  Pero la próxima vez, si no eres capaz de predicar con el ejemplo, lo mejor es que te calles y no insultes a nuestra inteligencia.

(1) Un diagnostico todavía usado en el mundo árabe



Dra. Lehdia Mohamed Dafa

2 comentarios:

  1. Muchas gracias por compartir un informcion tan interesante sobre las relaciones interpersonales

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