lunes, 7 de diciembre de 2020

¿Es posible un Acuerdo de Paz? ¿Puede ser, dicho acuerdo, la propuesta de Autonomía de Marruecos?

Lehdía Mohamed Dafa 

El pasado 13 de noviembre el conflicto saharaui-marroquí entró en una nueva fase al declarar el Frente Polisario que se había producido la ruptura del alto el fuego acordado en 1991. La vuelta a las armas declarada por el Frente Polisario es explicada como consecuencia de que soldados y policías marroquíes entraran en la zona desmilitarizada para dispersar a un grupo de civiles saharauis que mantenían cortado desde hacia semanas el paso fronterizo de Alguerguerat, impidiendo la circulación de camiones de mercancías marroquíes con destino a distintos países de África.  

Hasta la fecha el Frente Polisario ha emitido mas de 20 partes de guerra. Mientras, Marruecos mantiene un intencionado mutismo, tratando de silenciar si hay o no una situación de guerra o enfrentamientos armados. Es quizás en otros escenarios donde si parece estarse librando las batallas mas cruentas: en las redes sociales, en los medios de comunicación, en “prime time” en los oficiales, y en distintos canales vía satélite. El telón de fondo siempre es la necesidad de encontrar una solución a un conflicto estancado, gangrenado. 

Por un lado, el discurso tradicional que justifica la vuelta a las armas del Frente Polisario como única solución para doblegar a Marruecos y obligarle a aceptar la celebración del ansiado referéndum de autodeterminación, cumpliendo las resoluciones de la ONU; por otro, Marruecos y sus aliados, a los que vemos, que esta vez, se han sumado de forma declarada, un grupo de intelectuales saharauis defendiendo el Plan de Autonomía propuesto por Marruecos en 2007, como la única solución realista y viable. 

Desde mi modesto punto de vista, el Plan de Autonomía marroquí si bien dice ofrecer a la población saharaui la posibilidad de disponer de una administración local propia para gestionar el desarrollo económico, social y cultural del territorio, aportando el Estado marroquí los recursos financieros necesarios para cumplir con este cometido, no parece ofrecer una delimitación precisa de competencias cruciales, ni garantiza la libre participación política, en dicho escenario, de las numerosas fuerzas que a buen seguro seguirían siendo independentistas…. Creo sinceramente que el Plan de Autonomía carece de credibilidad y es una simple baza política para incumplir la celebración del referéndum y para intentar aparecer con voluntad negociadora y constructiva, pero que realmente pretende mantener el “statu quo” y que el tiempo vaya sepultando los derechos y el ansia de soberanía de un pueblo, dividido geográficamente y en parte, como es lógico, políticamente, pero que sigue reconociéndose en su identidad saharaui.



A continuación, quisiera formular cinco cuestiones, mínimas y básicas, a las que tanto el Plan de Autonomía de Marruecos, como cualquier otro, tendría que dar respuesta, si se quiere llegar a lo que ya es un tópico, “una solución duradera y mutuamente aceptada”

1º/ En aras a una necesaria, diría que imprescindible, reconciliación para la convivencia, Marruecos tendría que reconocer que ocupó por la fuerza el territorio del Sahara Occidental en 1975 y pedir perdón a las víctimas de la guerra, a las víctimas de las desapariciones, a las víctimas de la represión y a todos los saharauis a los que forzó al exilio. Sin descartar hacer frente, mediante indemnizaciones, que puedan compensar, en alguna medida, el sufrimiento causado y las perdidas patrimoniales.     

2º/ Solo será posible una solución que contemple un espacio político en el que se garanticen los derechos humanos y el libre ejercicio de la libertad y la democracia. 

3º/ Todos los saharauis, allí donde se encuentren, tendrán el derecho inalienable a retornar al territorio cuando deseen o viajar a él libremente. 

4º/ La clara delimitación de competencias deberá contemplar, como mínimo el control y administración de la población del territorio de los recursos naturales del mismo, así como la gestión de los servicios básicos (sanidad, educación, etc…) y el orden público. 

5º/ El ejercito o las instalaciones militares en el territorio  tendrán una misión exclusivamente defensiva y estarán integradas en su mayor parte, en todos los niveles, por población saharaui.

Hay muchos otros aspectos que merecerían ser tenidos en cuenta, pero yo me conformaría con abordar, precisar y resolver estos. 

Mientras tanto, y tratando de silenciar el ruido de las armas y el envenenamiento del odio, el desprecio y la culpa, mas nos vale que sigamos haciendo nuestros mejores esfuerzos en mejorar las condiciones de vida, en dar a nuestros niños la mejor educación, en empoderar a las mujeres y en vivir con la mayor libertad sin renunciar a ninguno de nuestros sueños. 

7 diciembre 2020



lunes, 16 de noviembre de 2020

Diplomacia frente a belicismo

Lehdía Mohamed Dafa

 

Aunque no creo probable que se produzca una escalada que acabe en una autentica guerra entre el Frente Polisario y Marruecos si me preocupan dos aspectos que se están mostrando en el escenario del actual conflicto por el control de las fronteras de Alguergarat.

En primer lugar el clima belicista que se respira en las opiniones de muchos #saharauis, especialmente los de la diáspora, que están llenando las redes de mensajes patrióticos, en los que incluso se ensalza el martirio y en los que parecen dar por hecho la victoria sobre el ejercito marroquí y una inminente liberación de la patria ocupada. Siempre había pensado que son los intereses económicos y las ambiciones de algunos políticos los que arrastran a los pueblos a la guerra…. Que a nadie le quepa la menor duda que las consecuencias terribles de una improbable guerra caerían inexorablemente sobre las familias saharauis, en especial las mujeres, y que el resultado, en el mejor de los casos, sería incierto.

En segundo lugar, me sorprende la imprudencia, precipitación e impericia del F. Polisario que, frente a la violación de los términos de los Acuerdos de Paz por Marruecos, en lugar de mostrarse como una organización que trata de garantizar la seguridad, la desmilitarización y el desarrollo regional haya declarado el fin del alto del fuego y comience a emitir partes de guerra. 



Todos comprendemos las dificultades en avanzar en nuestra causa pero hay caminos por los que uno se pierde. Justo ahora es el momento óptimo para desarrollar una intensa actividad diplomática en la que el F. Polisario, renunciando al belicismo, reclame la participación activa no solo de Naciones Unidas sino de los países con intereses en la región, y muestre su disposición, como un actor serio y fiable a cogestionar los controles fronterizos, a garantizar la seguridad, a establecer acuerdos para la desmilitarización de la zona y proponga retomar las conversaciones, desde nuevos presupuestos como pueden ser el desarrollo regional, la libertad de circulación y el respeto a los derechos humanos, con un calendario a medio y largo plazo, para encontrar una solución duradera para el conflicto del #SaharaOccidental.

En definitiva, no es el momento de la propaganda es el momento del trabajo serio y comprometido que nos permita avanzar hacia una sociedad libre y democrática que administre su territorio y recursos en paz


16 noviembre 2020

sábado, 25 de abril de 2020

الملحفة: سرد شخصي بأصواتنا


                مقال جديد للنسوية والكاتبة منة اسويلم

كنا نخشى دوما كنساء فُرض عليهن زي موحد أن نفكر بصوت عالٍ حيال شعورنا بالسطو على أكثر الأشياء ارتباطا والتصاقا بنا عن أجسادنا وأشكالنا وكيف يجب أن نظهر
لوقت طويل كنا نخشى أن نقترب بالحديث عن كيف هو الإحساس أن تولدي كإمرأة لتجدي كتيب القواعد الأبوية وآليات الضبط أمامك، عن الإحساس بأن يكون اختيارك مُصادر، جسدك مُصادر، وصوتك مُصادر. لقد رافقنا الخوف أو ولدنا به. لا فرق، الخوف من هدم الانصياع والخوف من الانصياع، الخوف من الحديث والخوف من الصمت.
......

في المجتمعات الأبوية يكون جسد المرأة منذ الطفولة سيفا مُسلطًا على مصيرها كما هو الحال مع “ع.م” التي تصف تجربتها مع الملحفة بالقول: “بدأت دورتي و أنا في السادس ابتدائي، بعد الصيف وبداية الدراسة قامت أمي بحضي على لبس الملحفة بالقول “لقد أصبحتِ بالغة يجب أن تستري شعرك، أردافك ومؤخرتك أصبحت بارزة و يجب أن تستري نفسك” بعدها بسنة ارتديتها تحت الضغط وحتى وأنا بعيدة عليّ الإلتزام بها أو بالحجاب”
........

صخرة الهوية تحملها النساء فقط حتى وإن لم يصنعنها وكن في الغالب متلقيات لها على شكل أوامر تعمل المؤسسات الاجتماعية والسياسية على جعلها تبدو رومانسية كي تعطينا ذلك الإحساس بأن الهوية تعني أن نحمل على أجسادنا ندوب الصمت والإجبار. تتساءل فرحة لماذا تكون حماية الهوية والحفاظ عليها حكرا على النساء فقط ؟ “يجب أن تبقى الملحفة زيا ثقافيا فقط، مثل الدراعة (الملابس التقليدية للرجل) و أن يكون لدينا الخيار في ارتدائها متى شئنا، مثل ما هو حال الرجال الصحراويين الذين تخلو عن الدراعة لصعوبة التحكم فيها و استبدلوها باللباس العصري المواكب للحياة اليومية و العملية.
....
هذا الوضع يجبر العديد من الصحراويات على العيش في مدن بعيدة عن مجتمعهن بل يشكل ضغطًا على النساء اللواتي يعملن ليل نهار من أجل هذا الشعب ومع ذلك عليهن أن يخضعن أو يُهمشن، حيث لا يتم الاحتفاء أو الإعتراف بأي إنجاز للمرأة الصحراوية إلا إذا كانت ترتدي الملحفة، إن لم تكن كذلك تعتبر منسلخة عن المجتمع والدين ولا تمثله وتصادر شرعيتها.
كما حدث مع الدكتورة والكاتبة الصحراوية لهدية دافا عام 2018 بعد تقديمها لأطروحة الدكتوراة في الطب بعنوان “تاثيرات اللجوء المؤبد على الصحة النفسية لللاجئين الصحراويين في مخيمات تيندوف.” في مؤتمر طبي في برشلونة،إسبانيا ولم ترتدي الكرت الرابح لإرضاء الأبوية و الذكوريين: الملحفة.
تم تجاهل أهمية موضوع أطروحتها و تجاهل أهميته بالنسبة لشعبنا المنسي في اللجوء وتحت الاحتلال. و تركز الحديث و النقاش في اعتبارها “عارية” وغير “متسترة” ولا تمثل المرأة الصحراوية ولا الشعب الصحراوي مع صحن جانبي مليء بالسب و الشتم و التهديدات لشخصها.
وصفت لهدية الأمر بأنه: “بالطبع كان الأمر محزن ومؤلم على المستوى الشخصي ألا يتم رؤيتي إلا من خلال ملابسي وماذا تمثل لهم محزن أن تكون الملحفة أهم منا كنساء نقاتل من أجل حرية شعبنا، لكن اعتدنا على الأمر فمنذ زمن بعيد ينظر للمرأة الصحراوية في المهجر والتي لا ترتدي الملحفة بنظرة تحقيرية وتعهيرية مع تعامل مليء بالإزدراء والكراهية، بالتالي لا تُعطى لها شرعية تمثيل القضية الصحراوية، بل وتحرم من ذلك حتى ولو كان ذلك بمبادرة شخصية كما فعلت أنا ليس فقط في تلك المرة، بل في الكثير من المناسبات.
...

domingo, 29 de marzo de 2020

Carta de un saharaui, que "está como una cabra", a los enfermos hospitalizados por COVID-19

Querido amig@,

Me gustaría escribirte esta carta en estos momentos tan difíciles para ti, tus seres queridos y tus compatriotas. Las desgracias no distinguen entre familias, amigos o fronteras. Paradójicamente, lo mismo ocurre con la fraternidad. Y es por ello, que aunque en estos momentos nos separen miles de kilómetros, he querido sumarme a esta admirable iniciativa de la Dra. Marín Campos. Quiero compartir contigo una historia. Espero que te sirva.

Cuando tenía 13 años, fui pastor en el desierto del Sáhara cuidando cabras, ovejas y también camellos. Cada día me despertaba a las 5 de la mañana para ordeñar las cabras y las ovejas (a las camellas solo se las podía ordeñar al anochecer por respeto a su dignidad, o eso decían mis antepasados saharauis), cogía un poco de harina para hacer pan, los vasos con la tetera y me montaba en mi burro. Un burro que siempre iba al lado contrario al que yo quería. Es el asno más astuto que he visto en mi vida. Me iba con el ganado en busca de un oasis que tuviera pastos y allí pasaba el día. Desde que amanecía hasta que anochecía. Día sí día también porque, como decía mi padre, “los animales tienen que comer todos los días”. El burro también. Además de astuto, era de buen apetito.


Al llegar al oasis buscaba algo de leña, hacía mi pan en la arena y cazaba un lagarto para preparar mi guiso del día. Casi siempre una salsa de lagarto con trufas del desierto, un sabor peculiar y casi indescriptible, pero de eso hablamos después.
Porque lo que quiero contarte es que fueron días eternos, de total soledad. Monótonos, abrumadores, desesperantes. El desierto se convirtió en una cárcel al aire libre y llegué a tal nivel de aburrimiento que, al encontrarme con una serpiente venenosa, en lugar de escapar me ponía a jugar con ella. Mi jornada laboral consistía en esperar a que el sol cruzara el cielo de un lado a otro, para luego volver a la “jaima” (la tienda en la que vivíamos) donde estaban mis padres y mi hermana. Hasta que un día no estaban. Al volver por la noche, me encontré la jaima vacía. Y supe de inmediato que eso solo podía significar que se habían ido con mi madre enferma al hospital más cercano. Ese hospital estaba a un día de camino. Y allí estaba yo, solo. Tenía miedo por mi madre, pero también tenía que pasar la noche en guardia para proteger a los animales de los chacales del desierto. Estaba “acojonado”, como decís en España. El simple susurro de las serpientes o los escorpiones que merodeaban me da daba pánico. Como no teníamos electricidad, mi única luz venía de la leña ardiendo. Encima tenía un cielo con mil estrellas, pero ese día no brillaba ninguna. Robusta, opaca y eterna, parecía que esa noche no se iba a terminar jamás. Pero terminó. Se hizo de día. Entonces entendí que debía ver esta situación como una oportunidad. La oportunidad de demostrarle a mi exigente padre que ya era un hombre adulto. 


Claro que estaba preocupado por mi querida madre, pero tenía una responsabilidad. Debía volver a la rutina, a buscar un nuevo oasis para los animales; era mi manera de contribuir. Llegué a un nuevo oasis y se dio la casualidad de que ese día pude cazar tres lagartos enormes. Me comí uno y, los dos que me sobraron, los coloqué en los bolsillos de mi pantalón. Uno a cada lado, encajaban igual de bien que esos móviles Nokia antiguos. Volví a la jaima y con ellos hice el guiso de la cena, acompañado de nuestra comida típica: el cuscus. Para cuando mi padre regresó, a la tercera noche, ya me había hecho con la situación. Casi sin saberlo, me estaba convirtiendo en un hombre del desierto, que en mi cultura se dice que son tan duros como los camellos por las calamidades que superan. Porque uno no decide las cosas que vive, pero en muchas ocasiones puede decidir cómo vivirlas.

Ser pastor no fue una desgracia. Fue una suerte. Poco tiempo después de esto, conseguí ir a estudiar a España con una beca de estudios. Tuve la oportunidad de estudiar en el Instituto Ramiro de Maeztu de Madrid y luego en la Universidad Autónoma. Hoy soy enfermero, pero una parte de mí sigue siendo ese pastor. Mi vida ha cambiado en muchas cosas. Ahora hago turnos más cortos y me encargo de personas en lugar de cabras (aunque algunos de mis pacientes estén igual de locos que ellas), pero por suerte conservo algo de esa época en el desierto: la esperanza. Cada día se hace de día.

Querido amig@, créeme cuando te digo que conozco el desasosiego, la incertidumbre y el miedo. Pero créeme también cuando te digo que, si yo pude salir de esa cárcel al aire libre, tú y los tuyos podréis salir de esta tragedia. No estáis solos. Contáis con el cariño y el apoyo de muchas personas, empezando por la Dra. Marín Campos y el resto de sanitarios.
Eso sí, cuando todo esto pase, prométeme que prepararás un buen guiso. Que no sea de lagarto. Antes decía que era indescriptible, pero estaba mintiendo: sabe fatal.

Un abrazo fraternal,
Salamu, un saharaui como una cabra.

lunes, 23 de marzo de 2020

Historia de una cuarentena en un campo de refugiados saharauis

Lehdía Mohamed Dafa

Cuando en 1976 nos instalamos en el campamento de refugiados, en Argelia, al otro lado de la frontera, mi madre tendría unos 30 años. Era una mujer joven y sana a pesar de haber parido ya 6 hijos. Estaba llena de entusiasmo y de ideas ingeniosas para salir adelante en aquella tierra seca e insalubre. No paraba en la jaima. Iba de una tarea a otra, la comunidad de mujeres era su mayor desvelo. Lo mismo se encargaba de enseñar a tejer alfombras, cojines, para lo que tenia una gran habilidad heredada de su madre, que de confeccionar ropa. 

Cuatro años más tarde, una noche, como ocurría a menudo mi madre llegó tarde, pero esa noche en lugar de ponerse a prepararnos algo de cena, dijo que estaba agotada, que no podía mas y se echo a intentar dormir. De repente, vimos que estaba gravemente enferma. Todo ocurrió muy rápido. Hubo que hospitalizarla. No sé cuanto tiempo llevaba en el Hospital Nacional,  a mi me parecían muchos días. La familia estaba desolada, y mi abuela, su madre, desesperada de dolor, lloraba constantemente, despotricaba contra las autoridades sanitarias acusándoles de crueldad, de falta compasión y de malos musulmanes. Mi madre estaba aislada, y nadie la podía acompañar ni visitar.

Semanas después, por sorpresa, llegó mi padre del frente. Llevaba un año combatiendo como guerrillero contra el ejercito de Marruecos sin haber podido regresar. Él que era un hombre fuerte como un roble y de gesto severo se le veía roto y asustado. La voz se le congeló en la garganta. Sólo sus ojos hirviendo como las llamas de un volcán hablaban por él. Aquel día supimos que mi madre falleció a causa de una grave meningitis bacteriana. Ni siquiera pudimos asistir a su entierro. Todavía hoy cuando lo pienso me sumo en el desconsuelo mas oscuro.

Al ser una enfermedad infectocontagiosa, todos los miembros de la familia tuvimos que recibir quimioprofilaxis, y guardar cuarentena. Vinieron unas personas que  desinfectaron la jaima con líquidos especiales y que nos dijeron que no podíamos entrar durante no se cuantos días. Mi padre volvió enseguida al frente de batalla. Mis dos hermanos mayores que estaban estudiando en Libia, no se llegarían a enterrar hasta el verano cuando regresaron de vacaciones, y las chicas, fuimos acogidas y arropadas por el resto de la familia. 


Ahora, con la la epidemia del coronavirus, los recuerdos de aquella tragedia vital han aflorado en las conversaciones con mis hermanas “Recuerdo de aquella cuarentena, y el aislamiento que nos parecía eterno, la sensación de sentirte como un apestado entre los vecinos y el miedo asfixiante pensando que cualquier día podíamos caer enfermos como mama”. Mi hermana mayor, Fatimetu, me contó que una noche la mayor de mis tías se las ingenió y sin saber como llegó hasta la jaima de una vecina, necesitaba aspirinas, que  era lo único que le alivia de sus terribles jaquecas. La mayor de sus hijas le echó una bronca monumental y la amenazó con denunciarla ante las autoridades sanitarias, si volvía a saltarse la cuarentena.

“No lo entiendo, ahora cuando veo a la gente que dicen que no pueden guardar el aislamiento domiciliario, prosigue mi hermana, nosotros estuvimos casi dos mes sin tener el mas mínimo contacto con los vecinos, ni con ninguno de nuestros otros familiares. Y no había teléfonos, ni televisión, ni agua en los grifos, ni casi jabón, ni nada parecido a los medios de los que disponemos ahora. Sólo veíamos a una persona del Comité de Alimentación que nos traía los alimentos de la canasta básica desde el Ayuntamiento y a otra del Comité de Sanidad que vigilaba si alguno tenía síntomas”. 

Todos los hombres estaban combatiendo, así que las mujeres estábamos solas rodeadas y al cuidado de una infinidad de niños. Poco a poco y con disciplina fuimos superando aquella tragedia. Confiábamos en las autoridades sanitarias y cumplíamos cada recomendación. Entre rezos y resignación no faltaron los cuentos, las adivinanzas, los juegos tradicionales y hasta el humor, pero cuando llegaba la noche, cada noche, lloraba desconsoladamente hasta quedarme dormida.

La muerte de nuestra madre, en aquellas terribles circunstancias y la cuarentena posterior nos unió mas a todos los hermanos y nos dio la mejor lección que hasta hoy he recibido: el verdadero valor de la familia. 

Nos recompusimos y de las cenizas del dolor y la desolación volvimos a renacer

Esta historia ocurrió en 1979, en el Barrio 3, de la daira Doura, del Aaiún, cuando los campamentos de refugiados saharauis, no tenían ni el 1 % de los medios y de la infraestructura sanitaria que tienen ahora. Y a pesar de ello, sí tenían un proceder riguroso y eficaz, que mucho me temo hoy ya no se pone en valor con toda su importancia: la prevención. 

Madrid 23 marzo 2020

domingo, 2 de febrero de 2020

Homenaje a Sidami Sidi Moktar la enfermera y guerrillera saharaui

Se publica en la revista El Rapto de Europa 42 (dic.19) mi artículo sobre Sidami. Han sido unos meses de recabar testimonios de personas que la conocieron. Quiero agradecer a todos los que compartieron conmigo sus recuerdos y la información que me ha permitido escribir el artículo, y muy especialmente a Said Uld Eljarfi y al grupo "En memoria de los mártires saharauis", así como a "el Dr." (Mohamed Salem) a Cristina y Emilio y a las hijas de Sidami.



A continuación reproduzco algunos fragmentos del artículo. 


"...dentro del improvisado dispensario, Sidami mantenía el gesto serio, sin la menor sonrisa, su rostro no reflejaba emoción alguna. Sus manos hablaban por ella: limpiaba y curaba las heridas; canalizaba una vena y dejaba fluir el suero que devolvía la vida a una mujer deshidratada, que acababa de dar a luz nada más llegar al campamento; ponía una inyección a un anciano que llevaba días sin poder caminar; daba una cucharada de jarabe a un niño de apenas dos años que no paraba de toser y lo mandaba a una zona de aislamiento bajo sospecha de tosferina; y, entre tanto, se iba lavando las manos procurando no usar más que el agua estrictamente necesaria, cada gota cuenta; y vuelta a desbridar otra herida que había dejado empapada con desinfectante.
.....
Cada día llegaban más heridos; la mayoría en muy mal estado. Extremidades destrozadas, heridas gangrenadas imposibles de suturar, cuerpos sépticos al borde de la descomposición. En el frente de batalla no había ambulancias ni médicos, tampoco en aquellos campamentos de desplazados internos. Los heridos eran trasladados en coches, camiones y hasta a lomos de camello; los traslados duraban varios días. La conclusión no era difícil: la atención a los heridos tenía que hacerse cuanto antes, in situ. Sidami no lo dudó, tampoco pensó en las consecuencias personales y en la transcendencia de su decisión. Un día se enfundó el uniforme verde oliva, se cubrió la cabeza con un turbante negro, se puso una larga gandura, más propia de los hombres, y se incorporó al frente de la batalla. Aquella matrona y auxiliar de enfermería se había convertido en una enfermera guerrillera. 
......
El 17 de junio de 1970 la población saharaui de El Aaiún, la ciudad más importante y poblada del territorio, salió a la calle masivamente al grito de “fuera España”. Aquella manifestación fue torpemente concebida por las autoridades españolas como una maniobra del Gobierno marroquí para manipular a la opinión pública saharaui a favor de sus tesis anexionistas, y fue brutalmente reprimida por la policía militar y una compañía del III Tercio de la Legión, que llegó a abrir fuego contra los manifestantes. Se produjo una desbandada general y varias detenciones, entre ellas la de Mohamed Sidbrahim Basiri, líder de la manifestación y de cuyo paradero no se ha vuelto a saber nada, de manera oficial, hasta hoy. Aquel día Sidami atendió a varios heridos en el hospital de El Aaiún, pero lo que ya no pudo restañar fue la herida que se había abierto entre la población saharaui y los colonos españoles, que tan trágicas consecuencias acabaría teniendo. Aquel día se puso el punto final a un matrimonio de conveniencia que durante un siglo había permitido que saharauis y españoles compartieran aquel territorio llamado el Sáhara Occidental, conviviendo de forma pacífica y con razonable respeto mutuo. 
....
Sidami se detuvo frente al hospital donde trabajaba y, sin salir del coche, contempló la nueva bandera que ondeaba: era roja, símbolo de la monarquía alauí, que se dice descendiente del profeta Muhammad, con una estrella verde en el centro, el sello de Salomón, uno de los profetas predilectos de Allah, que fue musulmán antes de que el islam se revelase como religión… Pero para la mayoría de los saharauis la bandera rojiverde está asociada a la destrucción, la muerte y el exilio.
....
los actuales campamentos de refugiados en las cercanías de la ciudad argelina de Tinduf. Allí ya se empezó a recibir la ayuda internacional y la resignación empezó poco a poco a adueñarse de la situación. Sidami se quedó en Amgala y cercanías. Sin hospital o centro sanitario, se va trasladando de unidad en unidad, velando por la salud de los hombres que combatían. Improvisó su propia ambulancia. Era un Land Rover Pick Up, equipado con todo lo necesario para los primeros auxilios y para hacer pequeñas cirugías. Aprendió a manejar las armas y, aunque no tuvo que disparar, lo hacía todo siempre con su fusil cargado al hombro. 

....
En 1981 llegaron los siete primeros médicos saharauis formados en Cuba, y cinco de ellos fueron destinados al ejército. Más tarde, en 1989, cuatro médicos más, también graduados en Cuba, se incorporaron al resto de unidades del ejército saharaui. Ahora que ya todas las unidades tenían un médico, muchos pensaron que Sidami ya no era necesaria en el ejército y que, por tanto, se retiraría de la sanidad militar. Según me revela otra fuente: 
"Lo normal era que volviese a los campamentos, a su jaima, como las demás mujeres, y que se ocupase de su hija pequeña, fruto de un segundo matrimonio con otro afamado guerrillero. Pero no, Sidami era muy terca y tenía claro y decidido que su lugar estaba entre los guerrilleros. Siguió sirviendo al ejército, y solo iba a los campamentos cuando le tocaba el permiso reglamentario, como cualquier otro combatiente. La propia Sidami contó en una ocasión: “Con mis compañeros combatientes de la II región me une una relación de aprecio mutuo y de profunda amistad. Con ellos, nunca me sentí inferior ni extraña”. 

....
Sidami fue una heroína, una musa para los poetas y un orgullo nacional que se ha ganado la admiración y el respeto de todo el pueblo saharaui. Sidami Sidi Moktar Ahmed Mahmud ha sido la única mujer saharaui, la única enfermera y guerrillera entre los hombres en medio de las batallas. 
.....
Antes de morir, en agosto del 2004, en un hospital de Barcelona a causa de un cáncer de mama, por fin pudo ver a sus hijos y despedirse de ellos. Está enterrada en un cementerio de los campamentos de refugiados saharauis en Argelia.
..."